VENEZUELA ASESORADA

El peso del cuerpo y el frío de la piel hacen que el cadáver quede pegado a la losa de piedra de la morgue. El forense, que bien podría ser cualquiera, que bien podría no ser forense, abre el pecho sin perderse en preparativos. En tres tajos trata de extraer el marcapasos del difunto pero se da cuenta de que es mejor hacer un boquete y le pega el cuarto. No tiene demasiado cuidado con el muerto, que ni balancea su rigidez ni se queja en su resignación administrativa. Allá donde habite su alma sabe que su pecho no importa demasiado en esta historia, lo importante es que salga bien el marcapasos. Nada es lo que parece. No estamos ante una autopsia, es economía. Economía comunista caribeña. El cadáver, el forense y la losa de piedra están en Venezuela al servicio de la revolución bolivariana. El marcapasos es un bien de equipo nacionalizado y como tal reutilizable en un nuevo enfermo. El marcapasos es lo único que importa. Todo está al servicio del fin último, de la revolución que abre en canal a sus muertos con marcapasos. La vida y la muerte en una pila de botón. El muerto, agradecido, rinde su último tributo al Estado antes de descomponerse en el Cementerio General del Sur de Caracas. Tras una rápida ITV, lavada y abrillantada la caja de ritmos, se recoloca en otro venezolano. La higiene, la osadía y el valor en un quirófano se presuponen siempre. Entre los sueños de la anestesia, ese otro enfermo coronario aspirante a cadáver al que un día colocarán sobre la fría losa de una morgue y abrirán como en un ritual de reciclaje fúnebre se muestra agradecido. Es un paciente cardiaco elegido por la divina providencia del Estado de entre la lista de aspirantes a ponerle ritmo a su corazón. Las esperas se acortan si eres partidario y no eres colombiano.

En Venezuela escasean los marcapasos, los medicamentos y la ortopedia. No todos los días las madres saben qué darán de comer a sus hijos. Tienen, eso sí, muchos asesores, algunos cubanos y otros españoles. Los asesores cubanos salen gratis, paga el hermano del Hermano. Los asesores españoles salen más caros. Si eres un estudiante venezolano y es tu día de suerte tal vez los parapoliciales de Maduro solo te dejen tuerto en la manifestación de esta tarde. Si eres un profesor de sociología o políticas en la Complutense y es tu día de suerte tal vez te toquen trescientos mil del ala, trescientos mil eurazos. Un ojo de la cara de líder estudiantil.

Una dictadura es ante todo una atmósfera y las atmósferas necesitan asesores. Chaves -que, como Stalin, reunía al estado mayor para localizar a los más cortos- eligió al chofer de entre los proclives a la risa floja. Maduro es el Malenkov que todo líder supremo escaso de recursos intelectuales se busca a la hora de la muerte para quedar mejor con la Historia. Pero no hicieron bien las cuentas. No pasa nada, al fin y al cabo ¿han salido alguna vez las cuentas en algún régimen comunista?. Nicolás Maduro, heredero del monopolio, no ha hecho sino ahondar en el monopolio. El comunismo populista ya es en si un monopolio. Su acción, por tosca, es fácil de resumir: se hace con todo, se apodera de todo, reparte todo, arruina todo y se culpa al capitalismo de todo. En Venezuela es más oficial un rollo de papel higiénico o un pollo que un capitán de artillería. Maduro controla los medicamentos, el transporte, el cemento, el petróleo, el papel y la leche, los desfiles y la policía. El Tribunal Supremo hace años que no dicta una Sentencia contra el Gobierno. Maduro decide cuando y a quien encarcelar. Maduro decide cuando se viaja. Queda un periódico con cierto grado de libertad.

Los asesores convienen en indicar que pese al enorme grado de bienestar del país la única causa de desabastecimiento es una guerra económica detrás de la cual están, claro, los EE.UU. En Venezuela sobra de todo pero el pérfido capitalismo imperialista no quiere dar de comer a los venezolanos. Somos sabedores de que el fin último del capitalismo no es hacer negocio con la venta de sus productos. De cada venezolano abierto en canal sale un marcapasos y un asesor con despacho en la Complu que le cuenta a Maduro, a tanto el folio, lo ecológico que resulta reciclar los marcapasos y lavarse el culo con agua. Nada como el comunismo para convertir en virtudes públicas las necesidades básicas.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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