UNA MULETA PARA VER

UNA MULETA PARA VER

Santiago tiene diez años y una pierna izquierda. La pierna derecha no está porque se la amputaron por una malformación genética al nacer. Santiago lleva muletas, unas muletas como de otra época, de las de colocar debajo de las axilas, que demuestran que el sistema de salud pública argentino quedó décadas por detrás del español. Santiago ha ido al estadio a ver la despedida de su ídolo, que también fue nuestro, Diego Milito. Santiago no tiene dinero para pagar una entrada pero Racing le deja entrar al campo y colocarse justo detrás de una valla medio metro más alta que él. Ahí, se encarama a una de sus muletas para sortearla y ve el partido. Hoy es un día grande y acude con un amigo al que le presta la otra. Su amigo tiene dos piernas y se sube rápido y feliz a su muleta. La foto -búsquenla en internet, merece la pena- nos habla de muchas cosas: sencillez, amistad, infancia, superación. Y sobretodo nos habla de valía, capacidad y generosidad.

A la política española le falta una pierna. A diferencia de Santiago, que no le falta nada porque él siempre se ha visto así y así lo explica su madre, a la vida pública española se nota que de un tiempo a esta parte le falta la pierna. Nació entera, con dos piernas y dos brazos fruto de un parto constitucional que nos dejó una niña más o menos guapa -según los gustos- pero sana. A partir de ahí, todo se ha ido deteriorando hasta que finalmente le ha desaparecido la pierna derecha. Nadie se le ha amputado, simplemente se le ha ido encogiendo hasta desaparecer. Pero a diferencia de Santiago, la frustración de la política española, nacida de las consecuencias de la partitocracia y la corrupción, nos ha traído la incorporación de los peores currículos desde la reinstauración de la democracia hasta hoy y un buen cúmulo de contravalores. Ni valía, ni capacidad, ni superación. Por supuesto, y derivado de lo anterior, ningún atisbo de generosidad.

De la mediocridad de los actores se desprende su falta de generosidad. El peor de los pecados, la corrupción. Pero la corrupción ha actuado como causa y como efecto. Causa de un gran deterioro en la imagen de quienes se dedican a la política. El efecto, lo peor: en lugar de regenerar la vida pública haciéndola atractiva de nuevo para los mejores, los ciudadanos (sí, es nuestra culpa) nos hemos conformado con votar a mucha gente que no sería apta para guardar la recaudación de un puesto de castañas. Cuando alguien tiene fe, capacidad y seguridad en sí mismo, es mucho más capaz de escuchar, de ponerse en la piel del otro y de no verlo como enemigo, sino como adversario. Pero hoy sobran (y, ojo, en todos los partidos) actores que solo son conscientes de sus limitaciones y que para intentar disimularlas actúan siempre con una actitud defensiva. No hay ninguna inteligencia emocional en la política española, siguen creciendo muros y frentes. Nace la peor de las hostilidades, la del liderazgo genética y permanentemente hostil. Una hostilidad que a su vez solo puede traer barreras, frentes y bandos capaces de deformar la realidad para defender la trinchera.

Esta semana hemos visto como el PP, a quien se le pide fianza en causa judicial para cubrir responsabilidades civiles, le echa la culpa al juez, por haber ocupado el magistrado un alto cargo con Zapatero, (cosas de las puertas giratorias, que esa es otra). El argumento de trinchera es pueril, como infantil es decir que el juez se fia de Bárcenas cuando fiarse lo que se dice fiarse de Bárcenas, Génova 13. Hemos visto también como el viaje de Albert Rivera a Venezuela, en lugar de aceptarse por todos los grupos políticos como un apoyo a los que sufren y una aceptación de la realidad (el gran fracaso del comunismo populista en Venezuela) se ha convertido en una cerrada defensa de Maduro por parte de algunos ¡aún a estas alturas!. Si para Errejón ya se producen colas en Venezuela por el abaratamiento de los alimentos y por el carácter de los venezolanos, verás la que se lía cuando haya alimentos y les desaparezca el hambre, con lo que ayuda eso al humor. Estelar también Monedero –que lloró más en la muerte de Chávez que su viuda- comparando al golpista Tejero con Leopoldo López y al alcalde de Caracas, presos políticos declarados así por la ONU, Human Rights Now y Amnistía Internacional.

La falta de generosidad política viene determinada por la mediocridad. No hay manera de pactar sin ceder, de consensuar creyendo que tu verdad es la única posible. Teniendo en cuenta que de aquí a un mes estamos votando otra vez en unas elecciones que nos han endosado como supuesta segunda vuelta, alguien debería decirnos qué está dispuesto a ceder para pactar y con quién, y si va a coger su muleta para prestársela a alguien y superar barreras y muros o para arrearle en la cabeza al de al lado así queramos despedir a Diego Milito o a la Constitución del 78.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
Sobre Víctor M. Serrano Entío (190 Articles)
Abogado y Blogger desde enero de 2012.

Deja un comentario.