UNA INFANTA IMPUTADA

MIRAR PARA OTRO LADO
            El juez instructor José Castro ha imputado a la Infanta Cristina por un delito de blanqueo de capitales y un delito fiscal. Dice el juez en su Auto que Cristina miraba para otro lado y la pone a mirar de frente todo lo de la fundación sinónimo de lucro de su marido. Eso podría desembocar en un futuro en que Cristina cuente su vida sentada en un banco, como Forrest Gump nos contó la suya. Gómez de la Serna decía que los sordos ven doble. Como ocurre en España siempre que un asunto judicial adquiere gran relevancia pública, los ciudadanos asisten al colorido carrusel incriminatorio de los magazines de las televisiones y acaban empapándose de una serie de opiniones, no siempre bien intencionadas, que tienen dos denominadores en común: desconocimiento de lo que se habla y falta de respeto por los intervinientes en un proceso judicial y su papel, desde el del juez hasta los abogados sin olvidarnos del fiscal. Sentada la premisa anterior, se produce el efecto perverso de que la discusión, que debería ser jurídica, se convierte en militancia en bandos y los ciudadanos toman partido por la figura del juez que imputa, del abogado o del fiscal en función de si les cae bien o mal el personaje de turno. Una vez desplazado el debate de lo jurídico a lo coronario, vulgarizado y empobrecido hasta una extenuación a veces nauseabunda, pasa a carecer de interés televisivo que los ciudadanos se puedan informar sobre conceptos y principios jurídicos básicos que son explicables por cualquier profesional del Derecho y entendibles por toda la opinión pública y que a raíz de ello pudieran conformar una opinión sólida.
            O sea, que los republicanos, antimonárquicos, detractores del balonmano y muchas madres de hijos únicos y morenos están muy satisfechos con el trabajo del juez instructor e indignados con el abogado del Estado y el fiscal que la defienden por ser hija del Rey. Y los monárquicos, los balonmanistas y algunos padres de niños muy rubios están convencidos de que el juez Castro le tiene manía a Cristina, demonizada por ser hija del Rey. Ninguno se ha leído el Auto de imputación del juez, ni tiene por qué, pero lo peor es que nadie les ha explicado qué es un Auto, la diferencia entre un imputado, un procesado y un condenado, cual es la labor de la Abogacía del Estado en este caso, qué hace un fiscal, qué es una acusación particular o a qué se dedica. La culpa no es solo de las televisiones y sus “debates” de cuñada de tonadillera, sino de que no hay una verdadera formación jurídica básica en la escuela. El Derecho nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos cada día de nuestra vida pero no le procuramos a nuestros hijos un marco educativo que les permita entender lo más fundamental.
            Alguien debería decir que el juez Castro ha trabajado duramente y con rigor en el Auto de imputación y que eso no significa que le tenga manía a la Corona ni que quiera salir en los telediarios. Ni que tenga razón. Alguien debería decir que el abogado del Estado y el Ministerio Fiscal mantienen criterios jurídicos distintos basados en que, a su entender, el delito de blanqueo de capitales y el delito fiscal requieren una participación más activa de la que tuvo la Infanta, sin que eso signifique que su trabajo no sea riguroso, que no sean independientes y que actúen en contra de la Ley y en beneficio exclusivo de la Corona. Ni que tengan razón. Para el juez, Cristina de Borbón ha mirado para otro lado y para la fiscalía y la defensa como lo que parece claro es que mirar, lo que se dice mirar, no miraba no hay delito.
            La esencia de todo proceso judicial es la discrepancia sustentada en interpretaciones contrapuestas de unos hechos y sus consecuencias jurídicas y por eso precisamente tiene que acabar resolviendo un Tribunal. Negar la legitimación del sistema en función de que resulte o no condenada la famosa que adoramos o el personaje que nos irrita es propio de países sin tradición ni cultura jurídica, y desde luego ninguna de las dos cosas es propia de España. El Derecho no son matemáticas y dos más dos no siempre son cuatro. El debate jurídico es siempre complejo pero no por eso hay que sustraer a los ciudadanos de una educación jurídica básica y práctica que les permita formarse una opinión seria y ejercer en plenitud su participación en la sociedad civil.
            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
           
Víctor M. Serrano Entío
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