UNA CASA NADA COMÚN

UNA CASA NADA COMÚN

​Rodríguez Zapatero, Iñigo Errejón y Pablo Iglesias cenan en casa de José Bono. Con la visita, y sin Suresnes ni nada, Podemos se instala en la socialdemocracia, que viene a ser la izquierda con un diseño de interiores muy cuidado. Hemos estirado tanto la fotografía del sufrimiento del país que la foto de la cena en Casa Bono sale en tonos muy burgueses en el revelado de nuestra imaginación, tal vez demasiado casposa para el nuevo electorado de la nueva izquierda de la tele y el champú pero, en cualquier caso, es un retrato en sepia que Pablo Iglesias entiende necesario para hacerse aún más votable. Intuyo que no está del todo cómodo pasando de profesor universitario a mamá de Tarzán. Es cuestión de tiempo.

​Hay visitas que son todo un viaje. Visitar la casa del ex presidente del Congreso, que no da puntada sin hilo ni primer y segundo plato con postre sin encuestas ya sabidas y llevadas al aperitivo, es todo un viaje en ascensor sin pasar por entresuelos. Que la casa común de la izquierda -ese concepto utópico acuñado por Julio Anguita- la ponga José Bono es todo un síntoma de cómo ha cambiado la izquierda. Hasta la casta ve que llegas, Pablo.

​Pedro Sánchez, que sigue en campaña de sí mismo, tenía dicho que su adversario es el PP, pero Pablo Iglesias tiene claro que su adversario es él. Tal vez Pedro esté haciendo nuevo recuento de adversarios entre los suyos. El único motivo de alegría para el Secretario General, después de la semana que lleva, es que no es él quien se ha quedado embarazado. Pablo Iglesias, mejor estratega, sabe que para darle la batalla a la derecha en las instituciones primero debe ganar la batalla de la izquierda en la calle, hacerse hegemónico para hacerse aún más votable. Si Podemos gana en la disputa del liderazgo de la izquierda, el PSOE se sumergirá y quedará como un partido residual para la gobernación en buena parte del territorio, sobretodo en las ciudades más grandes. Está en riesgo cierto de quedar como un partido del sur, una especie de souvenir de Andalucía. Felipe González y la vieja guardia van a por Sánchez en el momento más inoportuno. Hasta Zapatero, discreto, callado, mejor ex presidente que Presidente, se ha cansado del madrileño y apoya a Susana Díaz. Maniobras en la oscuridad, se lee en las crónicas políticas mientras se oye de fondo el “Telegraph” de Orchestral Manoeuvres In The Dark. Madrid es un mentidero. Pedro Sánchez necesitaba un cable y todos se lo están echando a Susana Díaz. Hay rumores que dicen que la gran tapada es Carme Chacón, que tiene pactado con la presidenta de Andalucía su regreso. Al final uno ya no sabe por qué el PSOE se ha convertido en una máquina que fagocita liderazgo tras liderazgo, un Saturno que devora a sus hijos aunque le salgan altos y guapos, socialdemócratas y moderados, populistas o mediopensionistas. El gran riesgo del PSOE era convertirse en un partido del sur y así ha sido. No cabe ningún liderazgo que no sea andaluz. Cuanto más tarden en encajar esa pieza, más se debilitará el partido.

​Los entornos políticos, esos entes abstractos a medio camino entre la rigidez del folio con membrete oficial y la levedad aceitosa de la servilleta de un bar, están que se salen. Lo mismo anuncian embarazos que filtran adelantos electorales o sientan gente a la mesa de una cena. Y mientras el PSOE sigue en la eterna discusión de su ser, Podemos, y otros movimientos políticos surgidos en los círculos concéntricos de una nueva izquierda, como Ganemos, no dejan de moverse, hacerse más visibles cada día y disputar cada palmo de terreno en las ciudades. Lo crea Pedro Sánchez o no, su adversario no es el PP. Unos cenan y a otros se les comen la merienda.

​Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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Abogado y Blogger desde enero de 2012.

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