UN PARTIDO EN EL PASILLO

UN PARTIDO EN EL PASILLO
            Desde la infancia el pasillo es la cueva donde nacen nuestros miedos. No podemos dormir sin que nos dejen encendida la luz del pasillo porque sabemos que todo lo que pasa en una casa pasa por ahí. Si te portas mal, los profesores te destierran al pasillo. Crecemos y con nosotros crecen angustias que siempre acaban por aparecerse en un pasillo. El corredor de la muerte es un pasillo. Incluso el género de terror no sería nada sin pasillos. En El Resplandor, Danny va con su triciclo por los pasillos del hotel y ve a dos niñas que le invitan a jugar: pronto aparecen asesinadas. ¿Dónde? En el pasillo. A partir de esta tarde y hasta el domingo el PSOE ha montado una cosa que con mucho menos dramatismo e interés va a discurrir entre pasillos. La cosa, a la que llaman Conferencia Política no es ni un Congreso ni un mitin, dicen; Rubalcaba quiere trazar líneas para un partido nuevo con todo lo viejo, así que para mayor claridad no ha permitido que se hable de nada. La noticia por lo tanto estará en el pasillo.
            Cuando se diseñóla Conferencia alguien en esa casa debió prever que, cuando lo que hay bajo los focos no interesa, las luces languidecen y cobran protagonismo las sombras en los pasillos. Las sombras y los nombres. Ahora dice Valenciano, esa estratega, que sí se puede hablar de las primarias, pero poco y sin hablar de la sucesión de Rubalcaba, que es de lo que hablan todos los socialistas que no son del Partido ni de Conferencias en la barra de los bares. No hay que hablar de nombres, así que habrá que interpretar las caras de la gente en los pasillos como si fueran las Caras de Bélmez. Tal vez la cara de liderazgo de Patxi López sea una humedad en el estucado; o no, tal vez su aparición es real. Habrá quien vea en la cara de Carme Chacón una imagen de futuro, y otros para quien la catalana de Miami sólo sea un retrato fraudulento hecho en la pared con nitrato de plata. Todo transcurrirá en el trajín de un pasillo que podría ser el pasillo de un tren de madrugada. En el mismo pasillo caben incluso Garzón y Llamazares, como constatación de lo envejecida que estála nueva izquierda sin rumbo. Ganarse el futuro es el lema, cuando muchos lo que ya tienen ganado del futuro es haber cotizado para la pensión máxima de jubilación.
No se va a hablar del modelo de Estado, de la secesión independentista que algunos pretenden en Cataluña, de la posición en la que debe quedar el PSOE con respecto a su difícil relación con el PSC, ni sabremos si el PSOE propone un nuevo modelo institucional o una reforma de la elefantística estructura de partidos, tampoco, por ejemplo, qué se propone para crear empleo. La fiesta del ombligo socialista va de Europa, la igualdad, el crecimiento, el conocimiento y el bienestar, así, en bruto, que en estos tiempos de naufragio es como hablarle al ahogado de las olas y el mar. Así visto, el PSOE se podría haber ahorrado las marmóreas salas del Palacio de Congresos de Madrid y haber alquilado solo los pasillos; lo demás es un gasto.
El recuerdo en la conciencia colectiva de los años de Zapatero en el Gobierno y la tenacidad casi obsesiva de Rubalcaba por mantenerse al mando de los restos del naufragio han dejado al PSOE en su peor momento. Dicen sus colaboradores más allegados que finalmente Rubalcaba no se presentará a las primarias. Nunca sabremos si abandona por cansancio o porque se siente como Cary Grant en «Con la muerte en los talones» con Carme Chacón, Patxi López, Madina, Susana Díaz y otros disparando desde la avioneta fumigadora. Igual que Hitchcock convirtió aquel campo infinito en un pasillo de terror abusando de nuestra ansiedad, el PSOE ha pasado de ser media España a un pasillo de Palacio de Congresos. Por el bien del país, el PSOE debe reencontrase pronto consigo mismo, pero de momento su alternativa solo suena a murmullo de pasillo y a ir pasando lista. Tal vez Rubalcaba, íntimamente, ya solo aspire a permanecer hasta poder echar la culpa a otro. Como  cuando cien mil chinos jugaron contra cien mil chinos al fútbol en un pasillo y, tras un grito de gol, se escuchó el lamento del portero: “¡Si es que me habéis dejado solo!.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado. 
Víctor M. Serrano Entío
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