TENEMOS ESPAÑA

TENEMOS ESPAÑA

Hoy viernes tenemos España. Aunque el independentismo catalán crea tener ya las piezas para montar el mueble de la republica independiente de su casa. Los llamados a la sedición, siempre sediciosos de sí mismos, no ven que la mitad de su vecindario no comulga con el lema elegido para el felpudo. Sin necesidad de microscopio se ve que en esta enfermedad española del independentismo periférico conviven bacterias y levaduras identitarias con el virus de la insolidaridad de los más ricos con los más pobres. Todo enfermo acaba por convertirse en un místico y queda más a la espera de un milagro, de una sanación bíblica, que de una solución quirúrgica. Pero la realidad impone siempre a un cirujano. Como suele ocurrir en la política y en las bodas, los agoreros aciertan y sí, España se rompe. Lo malo del agorero es que se agota en su pesimismo y en su tañer de campanas de la agonía. Planteado el órdago, cariacontecidos los posibilistas del “no puede ser verdad” que analizaron el independentismo como si obedeciera a razones, sin darse cuenta de que la cosa nace –como el foie- de la descomposición agropecuaria de un hígado que enferma, sólo cabe preguntarnos qué hacer y cómo, atender al roto y al descosido, por ese orden.

Si hemos llegado a este viernes teniendo España es porque ante los peores retos de nuestra democracia el Estado de Derecho ha respondido siempre, sometiendo a todos los poderes públicos al cumplimento de la Ley y controlando la legalidad de la actuación administrativa. Esta cosa antipática de tener que aplicar la versión coercitiva del Estado de Derecho es la única salida que los independentistas le han dejado al ejecutivo y al judicial españoles, y la única salida que se dejan a sí mismos. La política y el diálogo son para oídos que conectan con un cerebro y no con un hígado textura foie. El tantas veces criticado talante de Rajoy, tranquilo hasta la extenuación de propios y ajenos, parece adecuado en estos momentos en los que la habilidad política queda a un lado y se impone conjugar la calma con un inequívoco ejercicio de la autoridad. Quienes reprochaban al Presidente del Gobierno no hacer política se quedan sin argumento para el futuro porque el ruido independentista es ya una amenaza que asusta y cuando las gentes se asustan (entre ellas más de la mitad de Cataluña) lo que quieren es el orden que nace de la unidad, el ejercicio de la autoridad y el auxilio judicial.

La izquierda independentista catalana, “doméstica” de la derecha más corrupta de Europa, le hace el caldo gordo a la casta corrupta catalana en su huida hacia adelante. Rodeada de sumarios por corrupción, con las manos en alto por su pérdida de influencia y debilitada por un estratega, Artur Mas, que ha hecho de la sucesión infinita de disparos en un mismo pie toda una nueva técnica de lento y trabajado suicidio, lanza a su espectro social al abismo. Lo malo de las revoluciones que emprenden los cómodos cuando se les incomoda es que parece que siempre las pierden los incómodos que buscaban su acomodo.

España está ante un flagrante atentado contra la convivencia y la democracia. El Estado de Derecho debe actuar con eficacia y exquisito control, y en la que corresponde a los cuatro partidos mayoritarios en las preferencias de los españoles velar por nuestra unidad con altura de miras. Los ciudadanos también tenemos una obligación, que es la de apoyar y apoyarnos en nuestros gobernantes. No es momento de proponer nada que no sea la cohesión entre los llamados a la gobernación del país, y ni se entendería que el Presidente del Gobierno intentase tomar ventaja ni se entendería que la oposición cayese en la tentación de debilitar al Gobierno de la nación con un asunto en el que estamos involucrados todos los españoles. La clase política actual tiene ante sí un reto difícil pero también una oportunidad única de reivindicarse como servidores públicos con altura de miras unidos por el interés común de España. Si les sale bien pueden acabar de un plumazo con el desprestigio de la clase política española. Tenemos España; úsenla y les responderá.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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