Susana sólo hay una

El PSOE está encaramado al árbol de la incertidumbre. Todos desde ahí querían divisar la llegada de Susana Díaz y había ya codazos para coger buena rama. Cuando un político saca los codos es que alguien de los suyos se va a sacar un “selfie” con el poder y hay que abrirse hueco para ocupar los ángulos. El coche oficial de Susana ha pasado de largo con las ventanillas cerradas y ha dejado una estela de gasoil y suficiencia. La cosa tiene algo de Bienvenido Mr. Marshall con la diferencia de que en lugar de queso amarillo para repartir en las parroquias de postguerra Susana Díaz traía la naturalidad y el frescor a Ferraz; ahora queda todo aplazado y pospuesto por la incertidumbre. Susana Díaz se ha dejado querer mucho, recreándose con la perplejidad de quien no esperaba tanto afecto incondicional. Tras consultar con “los ciudadanos y ciudadanas de Andalucía” ha tomado la decisión de posponerse a sí misma, y con ella, queda pospuesta la verbena y el apoteosis. Rubalcaba, que como maestro de ceremonias tampoco resulta, siempre podrá alegar que la proclamación de Susana por aplausómetro era una cosa más de los barones que suya, así que no hace falta que salga al balcón de Pepe Isbert a decir eso de “como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a dar.”. Alfredo estaba escribiéndose el discurso magnífico del miércoles en las Cortes.
La figura pública de Susana Díaz crece como la espuma. Seguirá ascendiendo porque Susana tiene muy alto el nivel de exigencia para con los demás y fe en sí misma. Sus detractores y otros odiadores oficiales dicen que no tiene curriculum, como si abundasen los curriculum en la iberia política o, por ejemplo, en su oponente popular en Andalucía, Juanma Moreno, el chico que presume en las entrevistas de haber trabajado dos meses de motero en telepizza. A los personajes de una representación teatral hay que contextualizarlos siempre con el tiempo y el espacio, y sería injusto empezar por exigirle a Susana una licenciatura y diez años de ejercicio profesional en algo. El caso es que Susana Díaz tiene un affaire con los focos. Si se postula desde el silencio, tiene el foco. Si se descarta, el foco es suyo. Tiene la fuerza comunicativa que solo puede tener una andaluza. Tiene algo de talento en bruto y mucho de oportunismo u oportunidad, según. Hay quienes le acusan de tactismo por abdicar la Secretaría General del partido en este momento en el que ya han abdicado Rubalcaba, López, Navarro y la mitad de los votantes del PSOE. Acusar a un político de tactismo o de ambición es como acusar a Rostropóvich de tocar muy bien el violonchelo porque usaba un violonchelo. Susana Díaz ha demostrado que sabe manejar los tiempos en política, que tiene paciencia y edad para esperar y que si para 2016 fracasan los madinismos u otros experimentos por venir –lo cual es muy probable- vendrán desde Ferraz hasta la calle de San Vicente en Sevilla para saltar la valla y conducirla hasta un Congreso. Para eso faltan dos años y a saber cuantas más abdicaciones.

El mensaje de Díaz cala en la gente porque es un mensaje sencillo. A veces demasiado previsible y algo demagógico y peronista, pero ella tiene la virtud política de hacerlo creíble. Oyes a Susana decir que el PSOE es el partido de la gente normal que ha hecho casi todas las cosas en España y no solo te lo crees sino que además no reparas en que a veces también ha desecho algunas otras. En estos días de reescrituras y relecturas interesadas, se agradecen las obviedades previsibles de la Presidenta de Andalucía, sobretodo cuando dice que trabaja para que Andalucía siga contribuyendo a la estabilidad del Estado. Urge la Revolución de la vuelta a la normalidad y la Presidenta dice las cosas previsibles que debe decir una socialista. Si llega Madina u otro para romper la tradición de un PSOE socialdemócrata de clase media, cómodo con el Rey, el IBEX, el sindicato y la casa del pueblo, es cuestión de tiempo que el PSOE se lance de nuevo a los brazos de Susana Díaz, la mujer del discurso sencillo que conecta con la calle y con los valores de un PSOE esencial en estos años de democracia en España. En política siempre hay trenes que vuelven a pasar. Salvo que algún Alberto Sotillos u otro milagro lo remedie, pero no hay síntomas. El país está cambiando, aún no se sabe hacia qué ni hacia dónde, y las subdirectoras y los directores de los periódicos nos piden el esfuerzo del análisis pero sólo podemos ofrecerles el voluntarismo de la adivinación, con sus riesgos evidentes.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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