SIJENA COMO SUVENIR

SIJENA COMO SUVENIR

Dicen que el amor mueve el mundo –si acaso entre guerras- pero lo que está claro es que a España la mueve el “agüerismo” y otras predicciones de hechos ineludibles, pronósticos de lo inmediato y adivinaciones de la obviedad. Quevedo vio en el “agüerismo” la verdadera religión de España. Agüeros: “Si vas a comprar algo y al ir a pagar no hallas la bolsa adonde llevabas el dinero, es agüero malísimo y no te sucederá bien la compra.”.

Tal vez sea esa continua prevención de males menores en la que vivimos la que nos haga ver como normal cosas que no son normales, y de todas las anormalidades históricas de España, de todas las rarezas que han acabado por influir en nuestra propia conciencia -tal vez por machaconas, tal vez por agresivas- nada hay más anormal que los nacionalismos periféricos, así llamados porque siendo España país que vive fundamentalmente del turismo, estaría mal definirlos como lo que son, nacionalismos turísticos.

Desde su desafecto nadie admira tanto a España como un separatista, y si el nacionalista es catalán su admiración por España solo empata con la frustración. El nacionalista catalán es un separatista eminentemente turístico que va a Salamanca y le gusta su archivo y va a Madrid y se extraña de que en Gerona no le echen “El Rey León”. Hay nacionalismos que se curan viajando pero el nacionalismo catalán solo tiene cura viajando por Europa, porque viajando por España se acrecienta. Por eso no habrá un “Catexit” porque cuesta dinero, como nos demuestra el Brexit, y porque puesta en los carteles es una palabreja que evoca alguna catetada. Con su turismo del ideal, la reflexión del nacionalista es la del que quiere ser como Europa y como España cuando ya lo es, la del que quiere comprarse un futuro en una tienda de suvenir para saber qué va a pasar en la república, pero no lo sacas de ahí, no sea cosa que la república independiente vaya a ser cosa de sangre, sudor y lágrimas y por ahí sí que no.

Así las cosas llegamos a Sijena, cuyo arte también les gusta y se lo quedan, dicen, ya veremos si pueden. Unos diputados del Parlamento catalán han votado desobedecer cuantas sentencias judiciales recaigan (excepto Ciudadanos). Se sabe que en Cataluña, a falta de los prohibidísimos toros, se torean leyes y tribunales, pero la gravedad de la resolución del Parlament es atentar contra el Derecho de manera activa, contra la aplicación misma de la ley. Impresentable desacato, decía con precisión de cirujano el editorial de ayer. Lamentable lo del PP catalán (así les va) y lo del PSC (así les vienen).

Los aragoneses debemos tener fe en los tribunales y en que harán cumplir lo juzgado. Lo contrario sería permitir el único golpe contra el Estado de Derecho que estos nacionalistas turísticos pueden permitirse sin salir de la tienda de suvenires. Si los Tribunales se diluyen y el Estado permite algo distinto al regreso de los bienes de Sijena, el nacionalismo ganará, tal vez para siempre, el pronóstico de la obviedad, y su reconocimiento “de facto” como una nación independiente a la que ni siquiera afecta la base esencial de todo Estado de Derecho, el cumplimiento de las resoluciones judiciales. El nacionalista es un turista a quien hay que decir con frecuencia que no está permitido subirse a los leones del Congreso ni hacer foto con flash a los óleos del Prado.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
Sobre Víctor M. Serrano Entío (190 Articles)
Abogado y Blogger desde enero de 2012.

Deja un comentario.