SEPTIEMBRE EN MADRID

SEPTIEMBRE EN MADRID

Septiembre deja en Madrid una plaga de estrenos de última hora y noticias teatrales, y anticipa el otoño total, aquel en el que los árboles no anuncian la caída de sus hojas sino su caída trágica, completa y definitiva, como si quisieran dramatizar que hubo tiempos mejores para la ciudad y para los cráneos, para la jardinería y el presupuesto municipal, sustituyendo su strip-tease estacional por un harakiri trágico con “daños colaterales”, que es como el argot militar bautizó a las salpicaduras de sangre imprevistas. Caídos los árboles solo quedan los ministerios y las fábricas. Del besamanos que la Justicia hace de sí misma en la apertura del año judicial a la renuncia de la alcaldesa, pasando por el estreno de Sánchez en la carrera de San Jerónimo, septiembre es en Madrid un ángel anunciador de escenarios futuros, una capilla de murmullos y amagos, una Gran Vía de musicales y comercios globalizados. Vuelven a aparecer las grúas en Madrid y muchos las acogen como símbolo del inicio de la recuperación de un pasado mejor.

San Pablo, San Agustín o Pascal, iconos de la contradicción humana, lucharían contra sí mismos en Madrid como en ningún otro sitio. Ahí, en las Cortes, Sánchez Castejón, madrileño de Madrid, que es lo raro, ha hecho su puesta de largo para darse a conocer y para anunciar que se está haciendo mayor, o sea, para poner nerviosa a Susana Díaz, que aspira a estar un día empadronada en Madrid pero que verá con el tiempo como su Secretario General abdica del Protectorado de la Presidenta de Andalucía y se pone a volar en solitario. Sánchez habla bien y tiene buena imagen aunque abuse de la camisa blanca, pero dice cosas que suenan vacías y desgastadas, o peor aún, dice cosas que suenan a José Luis Rodríguez Zapatero, que ha sido y es a la escala de palabras huecas y lugares comunes lo que Richter a los terremotos. El nuevo Secretario General de momento está en el ocho sobre diez. Cuando Sánchez Castejón se pone serio y dice que hay que reformar la Constitución para dar cabida a la Cataluña que quieren los nacionalistas, lo que queremos oír es en qué consiste exactamente ese cambio constitucional que no nos suelta, que nos anticipe su contenido, si acaso aún mínimamente. También patina al descartar enérgicamente cualquier tipo de apoyo de España en la gran coalición internacional que luchará para combatir al ISIS (Estado Islámico de Irak y el Levante), salvajes que violan y matan en territorios completos; no parece haber visto y oído los vídeos de los asesinatos en directo, en los que España es el único país occidental al que amenazan directamente los terroristas. Hay un deje madrileñista en Pedro Sánchez que nos recuerda que se puede arreglar España en el café de Pombo pero que lo conveniente para la tarea es coger el Boletín Oficial del Estado.

Ana Botella se aleja de Madrid aunque la ciudad nunca fue cercana a Ana Botella. Reducir en un tercio la deuda de Gallardón es un mérito que nadie le agradecerá, porque lo que los ciudadanos quieren es un ayuntamiento que asfalte, pode los árboles, abra colegios y limpie de pintadas la Cibeles, en una palabra, que gaste como Gallardón, pero que gestione la caja como Álvarez del Manzano, lo cual es un imposible político y metafísico. El PP pierde Vallecas, Vicálvaro, Villaverde o San Blas y nadie se inmuta, pero saltan todas las alarmas cuando hasta las madrileñas de la calle Serrano pierden la inercia de votarle. Rajoy quiere arreglar la situación encargando una encuesta a Pedro Arriola que es exactamente como el Presidente arregla las cosas del partido, dejando que se pudran hasta que el sociólogo le saca la radiografía a la afección. La radiografía sale impecable porque el partido es un paciente que no se mueve, prácticamente ni se inmuta, así le arrasen en las europeas o en los medios con eso de la regeneración. Así es como Rajoy va camino de dejar el PP como un solar, un solar, eso sí, plagado de radiografías.

Madrid en Septiembre es el reinicio de todo, nuestro “reset” como país; es una ciudad acogedora, abierta y de todos, una gran vía de claroscuros y coches, de empresas del Ibex en Castellana y niños en un colegio bilingüe de la calle Velázquez. Todo es posible en Madrid, altavoz de nuestros defectos y reflejo de nuestras virtudes como país; todo menos aburrirse y no volverse un poco madrileño, sobretodo en septiembre.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

Víctor M. Serrano Entío
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Abogado y Blogger desde enero de 2012.

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