REPÚBLICA DE ARAGÓN

REPÚBLICA DE ARAGÓN

A Pablo Echenique le critican que haya insinuado una república independiente de Aragón y hay incluso quien hace mofa y le recuerda su nacionalidad argentina como si para no saber nada de la Historia de España uno tuviera que nacer tan lejos. Habitan por miles los zaragozanos nacidos frente a Grancasa, Plaza de Utrillas, Gran Vía y Casablanca que solo saben de Doña Petronila por Booking. Echenique, que hasta hace poco nada sabía de quién fue José Atarés, por ejemplo, y sin embargo ya canta jotas, no ha hecho nada más que expresar hoy algo que ya nos dejó apuntado Henri Lefèvre ayer: el agotamiento del marxismo internacionalista. Lefèvre, marxista alegre y poeta surrealista comprometido, acabó agotado. Lo malo de estar todo el tiempo comprometido con algo es que cuando uno ya se ha comprometido con la gente, con la república, con la lucha de clases, con el carril bici, la energía eólica, con el comunismo, el feminismo, la socialdemocracia, el bolivarianismo y con el Papa, ya sólo le queda inventarse algún país, aunque la invención de nuevos Estados, o sea, el independentismo, sea el síntoma más evidente del fracaso del internacionalismo de Karl Marx, el prusiano, el que no tenía ningún hermano mudo.

Corren tiempos difíciles para emanciparse de los símbolos del capitalismo sin caer en contradicción, y el símbolo más evidente del capitalismo es la creación y el desarrollo de las naciones en Estados, como ya nos advirtiera Franz Oppenheimer con sus ejemplos sobre nómadas, mercaderes y campesinos, que le venían muy a mano como después a otros, más economicistas, les vinieron muy a mano los cañones y la mantequilla. Nada ha contribuido tanto a la configuración de las naciones modernas con Estado como la prosperidad económica ligada inexorablemente al capitalismo y los conceptos teóricos y físicos de seguridad. Las llamadas naciones sin Estado, nos viene a decir Oppenheimer, lo eran porque no tenían donde caerse muertas. Lo malo del populismo, sea de izquierdas o de derechas, es lo agotador que resulta tener que pasar los finos filtros de la coherencia. En realidad si hay quien piensa que Aragón puede ser una nación es porque piensa que tiene unas estructuras económicas tan sólidas, tan capitalistas, que podemos ponernos a vender ordenadores a los chinos y coches a los alemanes. Cuando solo se piensa en la gente y en el bienestar de la gente uno no quiere que la gente viva en exclusiva del melocotón de Calanda y de los derechos de aduana. Si Donald Trump puede soñar unos Estados Unidos ricos y herméticos y si el Brexit quiere un Londres sin amenazas externas no veo que hay de malo en que un romántico sueñe un Aragón como nación independiente y república histórica. Pobreza y escasez de alimentos aparte, claro.

El comunismo se volvió burgués con Stalin, que promulgó una Revolución solo para Rusia, si se me apura solo para Moscú, cuando lo propio era el marxismo en todo el mundo. Fracasado el intento de extender la revolución por el mundo hay que fragmentar el mundo para hacerlo más permeable a la revolución. Los pequeños nacionalismos del mundo nacen de creer que en la soltería nadie te quita el mando de tu tele ni las llaves de tu coche, pero son argumentos tan insolidarios y egoístas, tan burgueses, que lo que hay que vender es que en la nación independiente funcionarían mejor la sanidad pública y las loterías y apuestas del Estado.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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