RECUSARSE

RECUSARSE

La politización de la justicia y la judicialización de la política son dos caras de la misma moneda. Su intensidad es muy distinta en España pero determinar qué es más dañino para el estado de Derecho, si la vieja politización o la incipiente judicialización de la política, es complicado. Analizar cómo hemos llegado hasta aquí y por qué, no lo es tanto. Hasta ahora los dos partidos mayoritarios han ejercitado el mal llamado bipartidismo repartiéndose cuotas en todos los poderes del Estado con impunidad. El Poder judicial no ha sido una excepción. Plantear quién ha tenido una mayor responsabilidad en que, por ejemplo, cada Consejo General del Poder Judicial elegido hiciera bueno al anterior, es ya estéril. La responsabilidad hasta la fecha es idéntica en ambos partidos. Concurrencia de culpas. Los ciudadanos no empezaron de verdad a ser conscientes de la politización de la justicia hasta que no comenzó el rosario de causas judiciales abiertas contra políticos y partidos por corrupción. Sumarios por corrupción que se impulsaban con celeridad y acierto por un juez y que se sabían muertos cuando cambiaban de manos. O al revés, se sabía de su éxito porque se sabía en qué manos estaban. Ninguna casa de apuestas ganaría dinero con esto. El azar es la ausencia de certezas y no había nada más certero que barruntar como acabarían algunos casos.

Además, y paradójicamente, han sido el propio Partido Socialista y el propio Partido Popular los que han puesto de manifiesto con absoluto descaro la politización de la justicia cuando les ha interesado “desenmascarar” determinadas situaciones. Esta semana, sin ir más lejos, el Partido Popular ha recusado a la juez que instruye el caso de la destrucción de los ordenadores de Luis Bárcenas, Rosa María Freire. El PP alega la proximidad de la magistrada con el PSOE, ya que fue propuesta para ocupar plaza en la Audiencia Nacional y designada por los socialistas para intervenir en la Comisión de Justicia del Congreso.

Los motivos que alega el Partido Popular para la recusación de la jueza no me parecen suficientes, como no me lo parecieron en su día los que se alegaron para apartar a Enrique López del juicio del caso Gürtel a instancias del PSOE. Pero es que además, demuestran un cinismo y una instrumentalización de la judicatura que ofende al sentido común. PP y PSOE se han arrogado el derecho a elegir y nombrar jueces en determinados ámbitos (casualmente los de mayor influencia) y tras el reparto de cromos tratan de entorpecer los sumarios que les afectan echando precisamente en cara a los jueces y magistrados haber sido sus cromos. El mismo sistema que ellos han modulado -no sin retorcer algunos principios constitucionales- les sirve como argumento para poner en duda las actitudes y motivaciones de los jueces, como si estos hubieran podido verdaderamente decidir. Como si los partidos no les hubiesen impuesto tener que depender de la voluntad política en su trayectoria profesional. PP y PSOE han puesto el tablero, las fichas y han diseñado las casillas pero cuando no les gusta el resultado del juego, se enfadan y se lo llevan. No sin cierto descaro y con buenas dosis de infantilismo el PP y el PSOE se recusan a sí mismos cuando recusan a los jueces que no les gustan por su supuesta motivación política. Urge la participación activa de jueces y magistrados, fiscales, letrados de la Administración de justicia, abogados y procuradores en el diseño de un sistema más eficaz y que no pueda ofrecer a sus ciudadanos ningún síntoma de falta de independencia. Si es que algún día salimos de este pertinaz y cansino bloqueo, tan dañino para el futuro de todos.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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