PRIMERO, MARTA

PRIMERO, MARTA

Con la clarividencia del exiliado que es, Albert Boadella ya nos lo había contado todo hace muchos años en “Ubú President”, obra que comienza con una limpiadora andaluza cantando “de España vengo, de España soy” mientras saca brillo a una enorme escalinata, símbolo del poder, por la que asciende Pujol, y que termina con el Líder Supremo jugando con un globo terráqueo gigante, al más puro estilo Chaplin en su papel de Hitler en ‘El Gran Dictador’. Los libros de caballería, la épica y el psicoanálisis nos habían enseñado que héroe es el que puede ser traicionado impunemente. Lo que no sabíamos es que el victimismo independentista puede alcanzar tales cotas de ridículo que tras la comparecencia del Ministro de Hacienda, y por unas horas antes de ser desenmascarados por la opinión pública, el traidor parecía la víctima y el Ministro su despiadado verdugo. Yo no sé si hay una estrategia del Gobierno para parar al soberanismo a través del caso Pujol/CiU y francamente me importa muy poco porque la Ley y la Justicia van mucho más allá que la estrategia. Sacar a relucir a los sátrapas que han sometido económicamente a Cataluña mientras nos acusaban de eso al resto (¡vagos, parásitos, corruptos, españoles!) es el verdadero acto de liberación que necesita Cataluña para el siglo XXI.

Ahora resulta que mucho antes de que el ex president se envolviera en la bandera y se lanzase a las cuestas de Queralbs todos habían visto a la familia pasearse en ferrari por Barcelona, desde Maragall y Carod Rovira hasta una prima segunda de Tarragona; Villarejo, ese joven valor de Podemos, dice que Felipe González le pidió que no investigara a La Familia Pujol (las tres con mayúscula) allá en sus tiempos de Fiscal. Y no lo hizo, pero lo cuenta porque la cosa a él también le ha prescrito.

Ni la alteración del pasado -cimiento del nacionalismo catalán- puede maquillar los indicios. Las mansiones de los Pujol, las peregrinaciones por paraísos fiscales, los casos Millet-Palau, las ITV, Pretoria, la evasión de impuestos, el maragalliano “uds. tienen un problema y ese problema se llama 3%”, son un indicio evidente de que la configuración nacionalista de Cataluña venía impregnada de ese “orden de cosas”. Pero, ¿es más corrupto prevaricar con la adjudicación de una obra o extirpando el castellano de la escuela pública solo para lograr un objetivo político? ¿Quién es capaz de afirmar hoy con rotundidad que el nacionalismo agraviado, valga la redundancia, no obedecía a una maquinaria de “hacer país” basada únicamente en “hacer billetes” para el lucro personal, familiar o de partido?. Valga a título de ejemplo: los nacionalistas han presentado durante años como una prueba del agravio de España contra Cataluña que los catalanes tuviesen que pagar en las autopistas y no tuviesen apenas autovías gratuítas, ocultando que fueron los Gobiernos de Pujol de principios de los ochenta quienes quisieron vías de pago y así las pidieron en Madrid. Pues bien, ¿se jugaría Ud. la mano derecha a que cuando Pujol decidió que en Cataluña hubiese autopistas de peaje en lugar de autovías no lo hiciera pensando exclusivamente en el beneficio personal, familiar o de partido que pudiera obtener de las concesionarias y sus peajes?. Creíamos que Don Jordi y su construcción nacional era el guión de una ficción, el libreto de una ensoñación errónea pero romántica con la que la España tonta de moqueta y subsecretarios pasó de la admiración a la indulgencia, pero ahora resulta que en el fondo, en el subconsciente de El Gran Arquitecto, todo eso de las fronteras y las banderas no era sino una escapatoria para liberar ansiedad, una pauta de autoexculpación cotidiana y psiquiátrica con la que fue transformando Cataluña para dejarla inerte frente al desfalco. Desde el mismo día en que le dijo a Ferrusola eso de “Marta, primero Cataluña”, todo ha sido una gran farsa como la que intuyó, soñó y escribió Boadella, una pantomima en la que Cataluña era el gran negocio y los agravios de España para con Cataluña la invención con la que abstraerse del control del Estado. Los condes quieren ser reyes porque del condado al reino hay un Fiscal General del Estado de diferencia. Pujol aún duerme en su condado.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

Víctor M. Serrano Entío
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