POSTALES

POSTALES

​Al buzón solo llegan facturas y cartas de restaurante chino. El romanticismo y las postales han muerto. Un francés en busca y captura desde hace seis años para ser juzgado por asesinato ha enviado a varios jueces de la Audiencia de Huesca postales con saludos desde Isla Margarita y la Guadalupe francesa, en el Caribe. Novela negra con tintes rosas. Se desconoce la letra trasera de las postales pero dado que, como intuimos, estaban escritas en tono jocoso, fácilmente se deduce que más que desear una feliz navidad a los magistrados, el francés quería trasmitir algo parecido a lo que los niños le gritábamos a la cisterna municipal de La Cartuja: la manga riega y aquí no llega.

​La postal es un cruce de caminos de cartón, encrucijada entre el coleccionismo, el cariño y la chulería. Es una foto de la Torre Eiffel y en el reverso un “te envío estas líneas desde París para recordarte que el que está en París soy yo y tú ahí en el semáforo de Sagasta con Fleta”, aunque siempre, en letra comprimida, para eliminar tensiones en el hueco ridículo que deja una esquinita minúscula, hay un “os echo mucho de menos” o alguna otra declaración de cariño que no resistiría la prueba del polígrafo. La política nacional es la panza vacía de un buzón huérfano de postales y de cartero. La política y otros virus inmateriales se difunden ahora por las redes. Las postales de hoy van por instagram, contenedor de un Benidorm 3.0. de arenas y selfies, de vanidades desnudas.

​Rajoy nos ha mandado este fin de semana pasado la postal del crecimiento, una postal en la que la foto del auge económico sale aún desenfocada por culpa de la desigualdad social. El presidente, que se ha dejado la vista en escribir por detrás cifras objetivas, de esas tan objetivas que serían indiscutibles si no viviéramos en España, sigue sin escribir tres renglones seguidos de verdadera política, que sería contarnos lo mismo pero con entusiasmo, liderazgo, mercadotecnia y planes para el futuro. Los candidatos del PP a las autonómicas y municipales siguen esperando a que el Presidente mueva el bolígrafo y escriba, pero no hay síntomas y se van a chupar la campaña con esa foto aún movida y un sello. La foto entusiasta es la del fin de las penurias y el sello es el de Pablo Iglesias como Presidente de la III República. El miedo a Podemos es al PP lo que en su día fue el miedo al PP para el PSOE, un filón mientras cuele.

​Sánchez, Pedro, le ha mandado a sus compañeros del PSOE una postal desde Ferraz, que es lo que queda en el partido a las afueras de Andalucía. La foto que sale por delante es la del propio Pedro, con su camisa blanca. Sánchez siempre está en acertada campaña de sí mismo, como le reprochan los suyos que no son suyos, y aplauden en rendido entusiasmo los suyos-suyos. Por si alguien tenía dudas de la autoridad del Secretario General, Sánchez retuerce la letra y remarca aristas para que quede algo agresiva. Pedro Sánchez ha querido enviar un recuerdo desde su nuevo status por si a alguien se le había olvidado que ahora es él quien maneja las direcciones postales de los militantes del partido. Los maledicentes como yo propagan la idea de que si las municipales y autonómicas salen mal, Susana Díaz, parafraseando a Lola en la boda de Lolita, le enviará una postal de San Telmo con cuatro palabras: si me queréis, irse.

​Pablo Iglesias, el hombre que nos ha abierto al tripartidismo mental, busca qué postal enviarnos. Lo malo de ser circular es no tener esquinas, y las postales circulares de Podemos no tienen esquina ni para el sello. Tampoco hay aún sello, porque Pablo duda entre el modelo socialdemócrata de “a franquear en destino” o el más radical de “franqueo pagado”, según le sea más rentable en su titánica ascensión subirnos los impuestos o hacer la revolución social. Teme que cualquier renglón torcido en provincias le estropee la estrategia. Pablo Iglesias vive en la indefinición desde que Ana Pastor se puso a preguntarle cosas. A quién se le ocurre, Ana. Pablo aún no sabe, pero está en ello, si nos va a enviar la postal desde Caracas o desde Teherán aunque la real politik lo manda a Estocolmo. Lo malo del modelo sueco es que para ser rico hay que tener dinero.

​Víctor M. Serrano Entío. Abogado

Víctor M. Serrano Entío
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Abogado y Blogger desde enero de 2012.

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