PODEMOS. ESCUELA DE CALOR

ESCUELA DE CALOR

No arde la calle al sol del poniente ni hay tribus ocultas cerca del río. Pero hay sondeo del CIS y la calle candente, aún no llega a ardiente, es una asamblea de Podemos y una tribu que no solo no se oculta sino que es moda entre la izquierda descontenta, valga la redundancia. Podemos ha registrado un término ya inventado, el de «casta política» y le han dado 1,2 millones de votos en la oficina de patentes y marcas. Y lo que te rondaré. En paralelo a la revolución de Pablo Iglesias, los aludidos y no aludidos como «casta» han aireado una teoría entre la táctica y la política que viene a decirnos que si hablamos de Podemos hacemos fuerte a Podemos, y claro, Podemos sigue engordando. Ese razonamiento de niño que se tapa los ojos cuando juega al escondite -para que no le vean- tiene como ideólogos a algunos dirigentes del PP y del PSOE. La consigna es que no hay que oír ni hablar de Podemos, y que si sale Pablo Iglesias por la tele hay que ponerse a cantar muy alto “habla chucho que no te escucho”. Hasta tal punto era clara la consigna de silencio del aparato de Rajoy que Esperanza Aguirre ya no ha hablado de otra cosa. Pedro Sánchez sabe que no se puede reconquistar el centro izquierda ni abrazado a Iglesias ni a Maduro. Ximo Puig ha comparado a Pablo Iglesias con Mussolini por si alguien no se había dado cuenta de que en el PSOE cunde el pánico. A Pablo Iglesias aún no le han comparado con el virus del ébola, la bruja Lola ni el destripador de Boston. Es cuestión de horas.

Podemos es un fenómeno porque en España las revoluciones nunca llegaron por las urnas para quedarse. Lo más revolucionario salido de unas urnas parecía Felipe y aquel mismo verano se nos subió al yate Azor y puso rumbo a la OTAN. Podemos es hoy un actor esencial en la política española, y como tal, debe estar sometido a la opinión pública y a la posibilidad –casi deber- de que discrepemos sobre sus ideas, ideas muy viejas pero con pocas arrugas por los efectos del botox de la indignación. Pero no son un tumor, y por lo tanto no querer hablar de Podemos, como en el siglo XIV no se podía hablar de la peste negra, es estéril y absurdo. Es un agente político activo surgido en una democracia. Las urnas les han puesto ahí. Son una incógnita para sí mismos. Quienes a raíz del movimiento del 15-M anunciaron el Apocalipsis y la revolución se han equivocado tanto como los que llegamos a pensar que todo eso quedaba en nada. Ha tardado en cuajar pero los herederos de ese descontento social, que es el núcleo de todo cuanto es Podemos, han llegado para quedarse. Llegarán muy fuertes a las elecciones municipales y autonómicas y, según como gestionen su poder municipal, llegarán fuertes a las Generales. Aquellos que alertan de que Podemos puede poner en riesgo la estabilidad de la democracia se olvidan de que es la democracia la que les ha traído hasta aquí y que al final o se adaptan al sistema -para cambiarlo, para intentar destruirlo, para lo ellos quieran, pero se adaptan- o el Sistema (con mayúsculas) se los comerá. La dificultad para Podemos será pasar de la protesta a la propuesta. Están a años luz de ventaja en el arte de generar opinión en los nuevos ámbitos creados por las redes sociales. Hablan constantemente, como si cada día estrenaran boca, y llevan la iniciativa. Basta leer sus tuits y ver como se mueven en barrios y ciudades.

El PP está pensando muy en serio en la reforma de la Ley Electoral para frenarles en las municipales, y en la lenta pero evidente recuperación económica como sanadora de enfermos de descontento. Izquierda Unida acabará votando para ver si se vota votar para desintegrarse en Podemos (votar si se vota votar es una cosa muy de izquierdas). A los comunistas les gusta la tendencia y son más pragmáticos consigo mismos que con el partido, así que muchos se irán a Podemos. El PSOE es quien queda más fuera de sitio en el nuevo mapa, lo saben y hay nervios. Solo podrá librarse de Podemos si sus antiguos votantes tienen claro que son un partido socialdemócrata, institucional y europeo, como dice Belloch, pero para que la seriedad sistémica le genere votos, Pedro Sánchez necesita tanto la recuperación económica y los aires de estabilidad como Rajoy, y en esa paradoja pierde con el PP. Si el PSOE se pone a competir por la izquierda, Pablo Iglesias se los come. Lo cual sería toda una ironía del destino histórico. Debe haber diez o doce profecías de Nostradamus para eso.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

Víctor M. Serrano Entío
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