¿PODEIS?

¿PODÉIS?

Ana Pastor, de azul eléctrico, puso el otro día a Pablo Iglesias y a Podemos, valga la redundancia, bajo el espejo diáfano de una conversación política. Pablo, que es listo y resultaría brillante si no fuera tan prepotente y no hiciera entrever su carácter mesiánico, dogmático y pelma, como de apostolado continuo de la verdad, la suya, la única, quedó en evidencia intelectual y dogmática, justo los terrenos que mejor domina. Pablo está acostumbrado a la batalla superficial y circular de una tertulia o de una entrevista de carril, pero no está acostumbrado a una verdadera conversación horizontal y política en la que Ana, con sus preguntas azul eléctrico, nos trajo sus propias respuestas y Pablo, con sus silencios sobre la hemeroteca, sólo nos aportó sus contradicciones. Iglesias se ha puesto en puntos suspensivos hasta las generales. Pablo patinó porque Podemos ya es un partido, el suyo, y se le está pasando esa luna de miel con algunos medios de comunicación privados, esos mismos que paradójicamente quiere controlar desde lo público, o sea, censurar. Los mismos medios que lo han cogido en brazos para que traspase el umbral de las musas al teatro de la democracia. Blanco, circular y virginal iba el novio hasta el domingo. A Pablo van a empezar a examinarlo en serio, como si fuera un político de hoy, que es lo que es, el más político de todos los políticos del actual panorama patrio, con permiso de la fiscalía en Cataluña.

Podemos nos anuncia la Revolución social pero en la primera semana de vida más allá de la catarsis y lo irreal, en sus primeros siete días bajo el pequeño microscopio de esa enorme lupa que es el periodismo, ya no se habla tanto de la revolución como de la subvención. La dictadura del proletariado queda más difusa en la dictadura del profesorado. Si el profesorado además tiene una beca pública, hay más nieblas. Un profesorado, como Errejón, de subvención y virtud pública y vicios privados. Uno no puede ir de guillotinador de María Antonieta y de todas las mariantonietas, como María Antonieta Dolores de Cospedal, si luego le pillan en la Bastilla de funcionario incumplidor. Ser Robespierre no era esto, Iñigo. Más que nada porque la pillería de Iñigo Errejón, que es leve y anecdótica en un país acostumbrado a lo pseudodelicuencial, deja entrever que la mayoría de los chicos y chicas de Podemos son sistema, nacen en el sistema, muchos se aprovechan todo lo que pueden del sistema y si quieren asaltar al sistema es sólo porque de su asalto intuyen un futuro mejor viviendo de otro Sistema. Huele a sustitución de castas, no a su eliminación, por utilizar terminología “podemista”.

La propia estrategia de Podemos inquieta, porque nos anuncia el apocalipsis en un país irrespirable, pero no quiere ir salvándonos ya y comparecer en las municipales y autonómicas, no sea cosa que algún concejal de Algete promueva en un pleno la nacionalización del Santander y la expropiación de viviendas vacías y le estropee a Pablo su estrategia personal y aritmética de noventa diputados en el Congreso. Nos dicen que nuestra salvación, el pan para los pobres, el alicatado hasta el techo para los desahuciados, las treinta y cinco horas semanales para los cansados, el desempleo prohibido por decreto, la limpieza del sistema y nuestro subidón de sueldos deben esperar. La estrategia política por encima de las necesidades de los ciudadanos es algo que ya habíamos visto pero o Pablo Iglesias se fía de sus círculos locales y autonómicos –mal síntoma que no lo haga- y deja que Podemos actué como lo que ya es, un partido político nacional, o corre el riesgo de que pasada la luna de miel mediática y sometido al análisis periodístico, muchos ciudadanos que hoy confían en él como líder carismático, y que confían en Podemos como revulsivo, acaben acordándose de aquella canción de Víctor Manuel dedicada a los golpistas del 23-F y que dice algo así como “déjame en paz, que no me quiero salvar, que en el infierno no estoy tan mal.”. Pablo confía en que seamos griegos pero podemos acabar siendo mucho más españoles de lo que así a simple vista pueda parecer.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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