PACTO, ACUERDO Y BIPARTIDISMO

                                            
            Antes de que alguien en un ataque de ultracorrección política y sin pasar de leer el título de este artículo me tache de asqueroso fascista o peligroso bolchevique por abogar por cierto bipartidismo debo aclarar que el actual sistema de partidos en España me parece estupendo y que eso de que una alegre masa de coaliciones, partidos y otras entelequias electorales sean susceptibles de ser votadas, aquí y otras tantas en Algete y Sant Sadurní, es puro jolgorio democrático. Hecha esta aclaración para quienes se la cogen con papel de letrero de “prohibido fumar” en un alarde de corrección política, sigo.
            El bipartidismo al que quiero referirme en esta hora crítica de España es el bipartidismo “de facto”, el que se basa en el pacto y colaboración de los dos principales partidos nacionales, el PP y el PSOE, y no necesariamente en una modificación del actual sistema de partidos en España; si bien se podrían decir muchas cosas sobre la Ley Electoral y la representación que otorga, por ejemplo, a los partidos nacionalistas.
            En España el pacto y el consenso tienen mucho prestigio y ninguna aplicación. Es algo así, y permítanme el símil taurino, como José Tomás, prestigioso pero difícil de ver. Pese a los momentos de zozobra en los que vivimos, y tal vez por falta de altura de miras de los principales dirigentes populares y socialistas, y no me refiero sólo a Rajoy y Rubalcaba, raro es el asunto en el que no se intenta hacer electoralismo; incluso de las cuestiones más esenciales. El electoralismo es el  atajo fácil de los políticos sin ideas, la manera más sencilla de banalizar las cosas y de hundir cualquier posibilidad de racionalidad política sumergiéndola en un barniz tontuno y simple. Y desgraciadamente de un tiempo ya prolongado a esta parte, en España la política brilla por su ausencia y sólo vemos eso, simple electoralismo.
            Con motivo del rescate de los bancos españoles del pasado sábado se ha  evidenciado la total y absoluta nimiedad en la que dormita la política española. El debate se ha centrado en ponerle una etiqueta al rescate (parcial o no), en matizar si era un rescate a España o no, como si lo realmente importante no fuera en estos momentos tratar de aunar esfuerzos y garantizar entre los dos grandes partidos al menos media docena de premisas que no deben entrar en el marco del juego partidista en aras a que sea una medida eficaz que palíe el desaguisado. Los únicos que utilizan la frase “hacer país” son los nacionalistas y normalmente es para pasarle una factura al país de la mayoría.
            En la altura de miras que podemos reclamar en esta hora de España a los dos grandes partidos está su propia supervivencia y la del sistema. Si los dos grandes partidos no saben transmitir a los ciudadanos rigor, seriedad, servicio al país y sacrificio, los ciudadanos, en las horas presumiblemente aún más duras que restan por llegar, acabarán por caer en brazos de formaciones políticas con planteamientos poco o nada recomendables desde un punto de vista estrictamente democrático. Ese pim-pam-pum contra los políticos y la política instalado ya en algunos medios y sectores sociales resulta tan dañino para el sistema democrático como estéril es tratar de combatirlo desde la trinchera partidista. Y si IU y UPyD también persisten en la demagogia del instante y en tratar de pescar en río revuelto, acabarán también engullidos por las aguas turbulentas y ahogados en el remolino del sistema político al que pertenecen de hecho y por derecho. El problema hoy no es la política ni los políticos, sino la ausencia de Política.
Víctor Manuel Serrano Entío.
Víctor M. Serrano Entío
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Abogado y Blogger desde enero de 2012.