OBESESIÓN

OBSESIÓN

Nos poníamos a escribir sobre la izquierda presupuestando y otros líos de pasillo cuando llegó la Policía Local de Olot. Hubiésemos comentado lo de Albert y Pablo el otro día pero hemos aparcado en doble fila y nos han dejado la receta. Sin el espíritu de Berlanga vagando en sábana inmortal ni nada, a pelo, con los flancos tal vez desguarnecidos, la policía local de Olot ha multado a las patrullas de la Guardia Civil que acudieron a un registro judicial en el ayuntamiento para investigar el podrido cenagal de la corrupción en Cataluña. Todo desvarío nace de una obsesión.

Hubiésemos podido escribir de cómo Rajoy ha aprobado unos Presupuestos que son los de la recuperación para el Gobierno y los de la imposición para la oposición. Si lo que se impone es la recuperación, como machaconamente nos dicen las cifras de empleo, no vamos mal. Aprobar ahora el Presupuesto obedece a esa obsesión de la derecha por dejarlo todo ordenadito; estos papeles aquí, en la mesa del subsecretario, no me los mueva, Borja. Como si fuesen a gobernar cien años olvidándose de que para eso alguien te tiene que votar cada cuatro. La obsesión como conducta, una obsesión por el orden que plaga la Historia de grandes héroes como Alejandro Magno y la literatura universal de grandes asesinos en serie como Hannibal, precursor del steak tartar, tan de moda. Pero no nos distraigamos. No podemos escribir de esa obsesión menor por el orden porque en Olot otro orden, el municipal administrativo y sancionador, ha iniciado una guerra contra el Estado; una guerra sin declaración unilateral, lo que dificulta un futuro armisticio. La obsesión hecha metáfora y la metáfora como arma. Nada más independentista que multar a la Guardia Civil, ¡qué placer!. El parabrisas del Estado en jaque. Un Estado de excepción en la doble fila del independentismo catalán, que quiere subvertir el orden legal empezando desde abajo, con cien euros de multa a las fuerzas de ocupación, cincuenta si se paga en plazo de descuento. Debilitando sin prisas.

Hubiésemos podido escribir de cómo Sánchez vuelve a una vieja obsesión del socialismo de finales de hace dos siglos. Laicismo, llama el General Secretario, a lo laicista. Sánchez, que nos cuenta que el gran reto de la próxima legislatura es la instauración definitiva de un Estado laico, respira por su obsesión, heredada de una parte, que no es el todo, del PSOE. La obsesión como venda y como bandera. Uno pensaba que el gran reto de la próxima legislatura era que volvieran de Londres nuestros jóvenes doctores en astrofísica, y que ocuparan plaza de astrofísico en Madrid dejando plaza vacante en la máquina de las patatas del Burger King de Waterloo Station. Salgamos de nuestra confusión. El gran reto de la próxima legislatura es, para Sánchez, construir cementerios laicos para ir luego, con los años, llenándolos con laicos. Pero no podemos escribir de esta obsesión porque en Olot, en un gesto tan estéril como romántico, la Policía Local ha respondido a la injerencia imperialista, a la hostilidad del Estado De Derecho español contra el estado de la cosa catalana con dos multas por aparcamiento, y ese gesto, ese arrebato, esa agresión premeditada por un jefe de Policía Local que, intuyo, se pone videos graciosos de gatitos en Youtube, nos demuestra hasta que punto una obsesión social inflamada acaba por afectar a las obsesiones del individuo.

De todas las obsesiones españolas no hay ninguna como el antiespañolismo. El antiespañolismo es una obsesión cotidiana que marca el día a día más que una suegra entrometida. España no sería nada sin antiespañoles. Los españolistas quieren un emoticono de la paella y del toro porque es muy difícil condensar gráficamente a un cineasta recogiendo un premio con treinta mil eurazos del ala, o a un policía local de Olot en el ejercicio de su función liberadora. Pero nada como la obsesión antiespañola para definirnos como españoles. A su lado, nuestras obsesiones, que no seguiremos comentando para no dar pistas, pudieran parecer las propias de seres normales.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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