MANIQUEÍSMOS

MANIQUEÍSMOS

Lo viejo o lo nuevo. Suave hidratante o lifting Uma Thurman. Renovarse o morir. El realismo de lo posible o el art déco de una revolución tardía. Las encuestas interpretan los sueños. La otra noche le dieron muchos diputados a un ente incorpóreo de Madrid. Sonaron las campanas de Velilla en el mismo Ferraz. El poder ya no es retroalimenticio. Hay revuelo en las despensas. Hay gente que tiene como proyecto ganar y después ya se verá. La política como sentimiento de conquista, de arrebatarle la parcela al otro. Así no queda margen para una derrota sin frustración. Los de abajo o los de arriba. Constitución o Régimen del 78. Centralidad o radicalidad. O estas en la lista de becas de comedor o en la lista Falciani. Efebocracia o artritis. Ruptura o engrase. Génova 13 o Rivas Vaciando-Madrid. Círculos abiertos -como un paréntesis- por la izquierda o círculos hechos de piedra, en ese Stonehenge que es hoy la derecha oficial.

De la nueva política de la vieja izquierda percibimos el paso al frente que ha dado gente que tenía olvidada su lucha adolescente. La nueva izquierda de viejos políticos y aspirantes está conformando candidaturas, movilizándose en asambleas, votando qué votar cuando se vote. Hay una izquierda que se ha dado cuenta de que se puede cambiar el sistema ganando unas elecciones, cosa que a menudo olvida al gobernar. Abominar del sistema cuando solo sale un concejal por Teruel, es trampa. Ahora que la aritmética y los astros les sonríen -pese a Monedero-, y que saben que mucha gente va a confiarles el voto desde la buena fe que otorga cierta esperanza, se percibe una ilusión que por otros lados no se ve. De entre los nombres interesantes que dan un paso en Zaragoza, como Rivarés -y otros y otras, que diría Fernando-, debe surgir un liderazgo que entienda que el poder por el poder no es un proyecto, y que de serlo se agota al día siguiente, cuando los jardineros necesitan saber qué parque abonar y los tranvías necesitan atascar puntuales el paseo de Pamplona.

El centro derecha y el centro izquierda pierden hidratación. La moderación cotiza a la baja. El PSOE es la casa de Bernarda Alba, una habitación blanquísima. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute con madroños y volantes. Una casa enlutada con tendencia a la autodestrucción. El único fenómeno político con entusiasmo moderado lo pone Albert Rivera, pero Rivera es el candidato perfecto para un partido, y ahí es donde Albert está huérfano, porque Albert tiene una cosa que no es un partido, un ente que se pierde en las nieblas de la A-2 conforme se deja Lérida y se va llegando a Fraga. UPyD, que sí es un partido, nuevo y transparente, parece veterano. Sufre un desgaste prematuro, como esos número uno en los cuarenta que pasan fugaces por la memoria de los adolescentes. En Aragón aciertan con el candidato, un Carlos Aparicio de cercanías y valores.

La derecha, una familia siempre muy castigada por los fenómenos meteorológicos, no ha entendido que lo de los nuevos tiempos va en serio. El Presidente nos quiere vender la ilusión de la recuperación cierta y el miedo a los chicos de Podéis, pero esa estrategia, que le puede servir a él en sus generales, condena a sus candidatos municipales. De aquí a mayo no hay cristiano al que le suban la nómina ni coloque a dos hijos en paro. La política es un juego de espejos y como tal, es conveniente moverlos. De momento moverse, lo que se dice moverse, se mueven en Ganéis/Podeis/En común, UPyD y Ciudadanos. El viejo bipartidismo, PPetripificado o en el psoequiatra. El peligro viene por que de este berenjenal nos salgan dos bloques enfrentados.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor Manuel Serrano Entío.
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Víctor M. Serrano Entío
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