LOS TOROS

LOS TOROS

Justo cuando uno empieza a creer eso de que el comunismo pone a los barrenderos a estudiar va Manuela Carmena y pone a los estudiantes a barrer. La alcaldesa se confunde creyendo que aquella larga fila que esperaba paciente su turno era una manifa pidiendo retirar la subvención municipal a la escuela taurina de Madrid. Eran los aficionados de Las Ventas retirando el abono. La tauromaquia y la política. Estamos ante la confrontación estética (y ética, añadiría el hortera al que “se le abre una ventana de oportunidad”) de dos mundos casi antagónicos.

La tauromaquia es una verdad absoluta basada en el arte del engaño y la política es un engaño absoluto basado en el arte de la verdad. Confluyen alguna de las nuevas viejas tendencias ideológicas con el animalismo asociativo y asociado, o sea, subvencionado -defensor de la mascotización de los animales, si son grandes y bellos- y presionan sobre la existencia de los toros. Lo disfrazan de animalismo pero es el liberticidio de toda la vida. Hay una mayoría festiva y popular, o sea, tauromáquica, que está acosada por una minoría de políticos reduccionistas, sectarios e hiperestésicos de lo políticamente correcto. Gente que se cree que lo han elegido concejal para interferir en nuestras vidas, y se lo cree en serio, para asombro de sus parientes que no se atreven a recordarle que en el cole sacaba unas notas bastante mediocres.

La tauromaquia es el segundo espectáculo de masas en España. Algunos gobiernos municipales de los que engendró el descontento y la emergencia social, hablaron antes de cómo acabar con los toros que de cómo acabar con la desnutrición. Pero la cola para sacar entradas en La Misericordia se ve desde el Pignatelli. Paradojas. La tauromaquia forma parte de la cultura universal, está repleta de humanismo, es un mundo complejo de depuración artística y técnica, estilística y emocional. Respeto a quienes en una plaza de toros solo ven sufrimiento y sangre como respeto a los ciegos (algunos con mucha vista) que no ven en un cuadro de Picasso sino una sucesión de brochazos inconexos. Pero es conveniente que nos respetemos todos. Empezando por quienes nos representan a todos. Conviene que la oficialidad no me llame “asesino” ni me recaude impuestos para que otros me lo llamen mientras se comen su sándwich de cadáver de pollo hacinado. Si quiere puede intentar explicarme por qué quieren salvar a los toros aniquilando a la raza, o por qué no retira la licencia a los restaurantes con foie gras y a las marisquerías. O por qué no ponen el grito en el cielo y la concejalía en órbita en la fiesta del cordero, ese rito que nos era ajeno hasta que hemos visto la sangre de los animales degollados en los portales. En el barrio Oliver, por poner un ejemplo, hubo llamadas a la Policía local. Las plazas de toros desaparecerán cuando solo una minoría pueda apreciar un rito de arte; cuando las plazas sean, si algún día lo llegan a ser, esa caricatura sádica que nos dibujan los antitaurinos. Los toros hablan de valor y fiesta, de luz y matices, de profundidad y épica, de la superior inteligencia del ser humano sobre la bestia, de verdad y mentira, de la nobleza de un animal que es, sin duda, el animal con una existencia más plena de cuantos son criados para utilidad del hombre. He escrito para utilidad del hombre, sí. No solo estética; se comen, también.

Subyace en esa interferencia de la política en la tauromaquia la pretensión de transformar una realidad que nos habla de España y su cultura, de nuestra pertenencia, realidades todas que a algunos parece, no se por qué, que no convienen. Ellos sabrán por qué nos quieren sin pasado. Quieren hacer del toro de lidia una pieza para empanado, despojarlo de su alma y grandeza, de su honor de bestia noble. Quieren salvar al toro como nos quieren salvar a nosotros, sin preguntar. Y claro, no nos dejamos. Algunos se llaman a sí mismos “animalistas” aunque tienen un encierro cotidiano de seis gatos, seis, en los quince metros cuadrados del salón de casa, con el perro durmiendo en la terraza. Si de verdad la tauromaquia es la expresión aberrante que dicen que es, la aberración desaparecerá por sí misma. No las deben tener todas consigo. A los amigos de castigar con la ordenanza y premiar con las subvenciones, tan solo agradecerles que hayan conseguido añadir a una expresión de arte, historia y cultura, como es la tauromaquia, ese carácter rebelde, convirtiéndola también, por si fuera poco, en una expresión de libertad. Felices fiestas del Pilar.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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