LA REVÁLIDA

LA REVÁLIDA

Dos o tres años después de que José María Aznar refundara el Partido Popular convocó unas jornadas para avanzar hacia su proyecto de centro reformista. Alfonso Guerra, sarcástico a veces, divertido casi siempre, se preguntó de dónde vendría el PP para llevar más de catorce años yendo al centro y no haber llegado aún. Llegó Aznar, quitó la mili, excarceló insumisos, subió las pensiones y alcanzó el centro. La mili de Rajoy venía hasta ayer en forma de “examen de reválida” y ya arde en la hoguera. El centro no tiene más ideología, es un punto geométrico exacto al que llegas cuando te coloca ahí eso que llaman gobernabilidad, que deshidratada y en aceite no es sino el tomate del posibilismo.

Rajoy vuelve de nuevo a la Presidencia y llega centrado porque le centran otros. Ofrece un pacto por la educación, otro para la financiación de las comunidades autónomas y convoca al Pacto de Toledo. Demuestra que va en serio cuando hace su primera cesión y tumba la reválida. Rajoy, al que no se le podrá negar ser puro pragmatismo –en ocasiones por encima de lo que el propio pragmatismo aconseja- sabe que su única posibilidad de Gobierno pasa por hacer de esta legislatura la de los consensos posibles y las reformas necesarias. Algo muy difícil pero no imposible porque el PSOE necesita tiempo y aire, un oxígeno que solo encontrará diferenciándose de Podemos en lo territorial y en lo institucional. A Ciudadanos solo una mesa de negociación puede hacerlo visible. Unidos Podemos sigue en la autoexclusión del “Régimen del 78”. Cada vez que uno de Podemos pronuncia juntas las palabras “Régimen” y “78” muere un historiador y se incendia el álbum de fotos del Congreso, con su Carrillo, su Pasionaria y su Rafael Alberti en el escaño. Pablo Iglesias nos dice que del 78 sólo quedan la monarquía y el PNV. Quiere olvidar que también nos quedan las urnas y la libertad. Quedaría también el PCE pero Alberto Garzón y eso.

Rajoy, que viene con las medidas más ajustadas, las de gobierno y las de sastrería, sabe que sus posibilidades pasan por conservar el centro como espacio, como certeza, como sinónimo de estabilidad. El PSOE, del que volvemos a no saber si está a favor o en contra de la OTAN, puede tener en las necesidades de Rajoy un punto de partida para volver a configurarse como alternativa, para lo cual, como explica Cyrano de Bergerac, deberá coger la espada como a un pajarillo, fuerte para que no se escape el bicho pero no tanto como para ahogarlo. Si de verdad se ponen en marcha los procesos previos que requiere todo pacto de Estado, el Partido Socialista solo tiene la opción de sentarse en esa mesa a defender sus posiciones sin renunciar a sus principios ideológicos. Todo parece fácil hasta que te das cuenta de que tiene que entenderlo la militancia.

Veremos si la cintura del presidente le permite pactar en minoría. Creíamos que el centro era talante personal, o sea, Suárez y eso, y resulta que solo es estar en el punto exacto y en el momento preciso en el laberinto de los espejos. Cuando al final del tercer asalto Sonny Liston dejó al borde del KO a Muhammad Ali, nacido como Cassius Clay, este, ciego y medio sordo por la tunda, aún pudo escuchar algo de su ayudante que le puso en pie hasta ganar el combate: “Tápate la cara y baila”. Rajoy, otro noqueado que se repone hasta ganar, se tapa con los datos de una recuperación económica lenta pero exportable y baila entre las fintas y los amagos del contrario. De su capacidad para encajar los golpes dependerá que pase o no la reválida. Habrá que reconocerle al tímido Rajoy que en lo táctico ha sido más listo que sus tres extrovertidos contrincantes juntos. Mientras tanto en la casa de “Nueva Política” ayer uno, tratado de idiota por el otro, le dijo a ese otro “gilipollas”. Luego se extrañan de que mucha gente vote “Virgencica, Virgencica”.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

Víctor M. Serrano Entío
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