LA INSOPORTABLE LEVEDAD

LA INSOPORTABLE LEVEDAD

No hay tratado de psicología que explique qué puede llevar a un ser humano a desear toda la vida ser Presidente del Gobierno para, al alcanzarlo, no gobernar desde el liderazgo. No hay compilación que nos diga por qué el Estado de Derecho -con sus normas nacidas de la libre voluntad popular y de la soberanía nacional- quedó inédito cuando se ataca su esencia: la libertad y la soberanía. Tarde y mal se anuncian querellas de la fiscalía contra Mas y su vicepresidenta, después de haberles dejado triunfar en la batalla. Todos nos preguntamos por qué si hace casi dos años que Mas anunció el 9-N, no se le frenó a tiempo. Durante todo ese tiempo y hasta horas antes de este domingo negro, el peor día para la democracia española desde el 23 de febrero de 1981, el Gobierno de Mariano Rajoy se cansó de decir, insinuar y airear que tenía controlados todos los escenarios y que no habría consulta. Algunos periodistas y muchos políticos extendieron la idea de que la situación estaba incluso controlada por el CNI porque así lo iban filtrando y difundiendo, interesadamente, miembros del Gobierno. Rosa Díez lo escuchó de labios de Rajoy. No habrá referéndum en Cataluña, decían. No habrá referéndum legal, matizaban después.

El domingo el Estado de Derecho desapareció durante más de veinticuatro horas. Lo único que diferenció ese día a España de Sierra Leona es que funcionaban los peajes en las autopistas y el famoso semáforo de Sagasta con Goya. ¿Por qué el simulacro, pantomima, consulta o referéndum no legal fue aún peor que haber dejado celebrar el referéndum? El referéndum vinculante hubiera movilizado a los más de cuatro millones de catalanes que se tomaron la consulta como lo que era, un acto propagandístico de los independentistas. Es más, con que se hubiera movilizado a la mitad, el No a la independencia derrotaba a Mas y Junqueras para siempre y aportaba y traía al menos treinta años de tranquilidad y paz social en Cataluña. Un referéndum legal hubiera obligado a todos los partidos estatales a hacer campaña a favor de seguir juntos (incluso al PSC, imaginamos) y hubiera partido a Uniò en dos. Esa mayoría silenciosa de catalanes que no quiere la independencia (estabas tan eufórico que se te olvidó mejorar la manipulación matemática, Artur) se hubieran, por una vez, podido sentir orgullosos del resto de compatriotas, orgullosos de que el Estado se hubiera movilizado por ellos para decirles que queremos a Cataluña como siempre, con nosotros, y nos hubieran devuelto el afecto votando “queremos seguir juntos”. Hubieran oído un discurso que hace treinta años está prohibido en Cataluña, el de que juntos sumamos desde hace más de cuatro siglos. Se hubiera podido explicar, con la política, (eso que nunca utilizas, Presidente) que la independencia es un pésimo negocio, que es ir hacia Osetia del Sur y en contra de los tiempos. Y a todos se nos hubiera evitado la humillación que, como país, vivimos el domingo. ¿Qué la ley no permite un referéndum? De acuerdo, pero lo del domingo tampoco lo permitía y ya vimos como triunfó la legalidad democrática frente a los salvapatrias de Cataluña. Si no vamos a usar los resortes del Estado de Derecho al menos habrá que hacer política, ¿o tampoco?.

Al domingo solo le faltó la declaración unilateral de independencia para ser un golpe de Estado de manual, y aún así se evidenció un rotundo golpe al Estado. ¿Si Rajoy no es capaz de dar la batalla en un tema en el que coincide con alto grado de consenso ciudadano y el apoyo implícito del sesenta por ciento de los catalanes, qué liderazgos va a capitanear? No hay nada que los ciudadanos puedan asumir peor que la humillación, que es exactamente lo que sintieron al ver a la nación, desprotegida y huérfana, sorprendida ante el paréntesis del domingo. Artur Mas, el chico de Pujol, saca pecho. Desde este domingo, gracias a que Rajoy solo empieza algo si sabe que termina bien para él, estar en la postura mayoritaria de ser catalán y no querer la independencia es aún más difícil. Cunde el desánimo. ¿Si ante la flagrante vulneración de la legalidad no se actúa por miedo a la quema de seis contenedores, qué ocurrirá cuando Junqueras y Mas proclamen la independencia?. De momento, uno quieto en La Moncloa y el otro farfullando en catalán en Toledo (¡en Toledo!) que el problema queda zanjado proclamando un Estado Federal, que es como querer frenar a un yonki con un poleo menta. Menudo panorama.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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