LA GUERRA ERA ESTO

LA GUERRA ERA ESTO

No sin cierta polémica podemos afirmar que el mundo está de nuevo en guerra. Cuando una parte sustancial del planeta se abraza a la sinrazón y al odio y pretende asaltar el estilo de vida de la otra parte del mundo a cuchilladas y Kalashnikov, degollando en cualquier parte y acribillando a cualquier cuerpo, podemos afirmar que estamos en guerra. Si una parte del mundo libre busca causas (excusas) para analizar lo que no tiene otro análisis que el del horror y la maldad, y escudriña por qué los asesinos violan a las niñas, dilapidan a los homosexuales o acribillan a los caricaturistas, es porque estamos en guerra. Cuando se agotan los eufemismos y los circunloquios, las condenas testimoniales en papel oficial de cancillería europea, en esta Europa políticamente correcta, es porque la guerra ha comenzado. Cuando por delante de cualquier comunicado de condena a la aberrante masacre de París se pone el parapeto estéril y la advertencia ridícula de que la condena no es contra el Islam sino contra el terrorismo, es porque la guerra está aquí, y una parte (la agredida) vive más temerosa del titánico trabajo que le queda por hacer que de su enemigo. La guerra ha empezado ya, como había empezado ya cuando hace tres cuartos de siglo los abuelos de algunos alcaldes de Francia (que hoy tienen piscinas públicas segregadas para hombres y mujeres para contentar al islam) le decían a Churchill que la guerra era evitable porque el problema era Hitler y no la Alemania nazi. Cuando la libertad, la democracia, el estado de derecho, el estado laico, la no imposición por la fuerza, los valores occidentales sobre los que se asienta la igualdad de la mujer o los derechos de los homosexuales están amenazados es porque, ¡oh viejecitas asustadas del mundo libre, oh venerables ancianos artríticos y desnudos de todo valor!, la guerra está aquí y la sangre ha llegado ya a las aceras de París como antes manó por las escaleras del metro de Londres, las vías de Madrid o el cielo de Nueva York.

París, símbolo de la libertad tantas veces perdida como reconquistada. El terrorismo islámico, llámese hoy Estado Islámico, es la más temible amenaza contra nuestra libertad. Ha llamado a la guerra de cualquier islamista contra cualquier ciudadano que no profese su fanatismo religioso, es decir, contra cualquier persona que crea en la libertad individual y en los valores democráticos. Pueden rematarnos a cualquiera de nosotros, con el alcorque y el árbol de nuestra calle como únicos testigos. Sólo se mueven por el odio y el fanatismo, sólo se caracterizan por su infinita sed de venganza, quieren volver a Al-Andalus, es decir, quieren que entremos en el siglo XI en pleno siglo XXI. Son el mal, porque el mal existe y no tiene por qué ir aparejado a la locura. Son asesinos y hay que acabar con ellos antes de que nos maten o hagan imposible nuestra libertad, que vendría a ser lo mismo.

Estad tranquilos porque la guerra ha comenzado pero la sociedad europea no se manchará las manos para parar la barbarie. Para eso están los Estados Unidos, ese vilipendiado país que siempre tiene la imperial e imperiosa manía de liberarnos de quienes nos masacran. Un fenomenal invento en el que los ciudadanos de Europa (a honrosa excepción de Gran Bretaña) confiamos toda nuestra seguridad a cambio de nuestro desprecio. Occidente asiste descolocado y atónito a la barbarie de París. Las reacciones han sido muchas. “Todos somos Charlie Hebdo”, “Por la libertad de expresión”, etc…, gestos y palabras bonitas que se quedan en un eco sordo y atronador cuando contemplamos que estamos inertes y en blanco contra la barbarie islámica, tan en blanco como esa espléndida viñeta del New Yorker´s, una viñeta en blanco, sin nada, de la nada, del vacío, del blanco roto del papel, que nos dice arriba, fuera de la escena, en letras no muy grandes: “Please, enjoy this culturally, ethnically, religiously and politically correct cartoon responsibly. Thank You.”. La libertad y la democracia son tan compatibles con la contundencia y la intolerancia hacia el intolerante que ha sido y es su propia esencia. Esto no es el terrorismo agropecuario y analfabeto de cuatro asesinos con boina a rosca. Esto sí es la guerra porque guerra es toda lucha con riesgo cierto de que puedas perder la vida o la libertad.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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