LA DELGADA LÍNEA ROJA

LA DELGADA LÍNEA ROJA

Albert Rivera quiere paralizar el tiempo y ponerlo entre costuras de aquí a las generales. Tiene la seguridad en sí mismo propia del que está subido a los focos y se sabe en las conversaciones de los demás. Las urnas han salpicado España de Ciudadanos y Albert hace la lectura rápida, y tal vez cierta, de que si los votantes no han tratado del todo mal a sus desconocidos candidatos autonómicos y municipales, él se sale en las generales. Sin embargo, aunque Albert está en éxtasis de sí mismo, lo que le ha restado un punto de frescura y naturalidad, y se dedica demasiado al escrutinio y la exigencia ajenas, se equivoca al intentar parar el tiempo para ponerlo entre paréntesis. Ni Proust pudo conseguirlo. No quiere que se le vean las intenciones de aquí a las generales, lo cual es un imposible metafísico.

Los líderes socialdemócratas y barceloneses -valga la redundancia- de Ciudadanos, están en el difícil equilibrio entre su ideología y la de sus votantes. Antes de que Pablo Iglesias dotara de transversalidad al comunismo, y antes de que Rivera hiciera ocupación de los espacios televisivos y de centralidad del país, la política consistía en que un partido de una determinada ideología se presentara ante los votantes. Albert Rivera, socialdemócrata, se encuentra con que más del noventa por ciento de sus votantes y la mayoría de sus propias y aún endebles estructuras de partido en provincias, -es evidente en Aragón- provienen del voto urbano y joven del centro derecha español desencantado con el PP, pero mucho más desafecto y lejano aún al PSOE o a Podemos. Estamos ante el hecho inaudito en la política española de que los líderes de un partido tienen que gestionar un voto que en realidad aún les es ajeno pese a tenerlo ya en una urna para hacerlo propio, y o se acercan al votante desnudándose de sus apetencias o tratan de convencerles de que lo conveniente no es lo que ellos perciben como conveniente. Una pirueta con doble tirabuzón nunca ensayada.

Ante el hecho innegable de que Ciudadanos no ha conseguido el grado de penetración electoral que ha conseguido -de manera brillante- Podemos en el espectro de la izquierda, por lo que el PP pierde importancia pero no la bandera del centro derecha español, la cúpula de Ciudadanos está ante la difícil tesitura de apoyar o no a Cifuentes en Madrid, y de cómo se gestionen esos desafectos dependerá en buena medida el futuro -aún incierto Albert- de Ciudadanos. La política, gestión continua de incoherencias, requiere decisiones, y muy a pesar de muchos, el calendario y el tiempo ordenan tomarlas en el plazo de un mes. Si Ciudadanos apoya al PP en Madrid (de nuevo Madrid como símbolo de conquista o reconquista) corre el riesgo de que toda la opinión pública lo considere un marca blanca del PP. Pero si no lo hace, traicionando con ello a la inmensa mayoría de su electorado, Rivera dejará de ser votable en las generales para todo el barrio de Salamanca y todos los barrios de Salamanca en España. Eso, aún conservando todo el voto de estas elecciones, son no más de una veintena de diputados en el Congreso.

Más allá de diseñar y redibujar líneas rojas, tal vez por aquello de que para cazar a un sapo hay que tenderle un cordel rojo, llega el tiempo de tomar decisiones, lo cual es muy distinto a sentarse en un sofá Chester con la rodilla doblada reposando en el asiento. Se agradecería que, más allá de unas exigencias éticas a las formaciones ajenas, tantas veces reiteradas que parecen ya una pose artificial, Albert Rivera cumpliera con el mandato de sus votantes y se pusiera a hacer política, la que sea, pero política. Quevedo ya ironizó sobre el agüerismo, la verdadera conciencia de España en su época y en la nuestra, por delante de la conciencia religiosa. El pronóstico de lo obvio, la prevención de males menores y la predicación de moral para ajenos nos han llenado la Historia de España de líneas rojas, y por lo tanto, tan absolutamente visibles como fáciles de saltar. El tiempo, tan favorable a Albert hasta la fecha, le exige ahora hacer política, o sea, gestionar incongruencias y salir indemne.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
Sobre Víctor M. Serrano Entío (190 Articles)
Abogado y Blogger desde enero de 2012.

Deja un comentario.