LA BANDEJA DE PLATA

LA BANDEJA DE PLATA

Ayer en el parlamento había debate sobre medidas contra la corrupción. Rajoy subió a la tribuna y sacó unos cuantos folios. Dispuso las hojas en el hueco que quedaba en un atril de maderas nobles ocupado por un vaso de agua en bandeja de plata. Alguien debería vender las joyas del ajuar parlamentario y comprar posavasos de corcho, un material mucho más acorde con estos tiempos políticos de mantenerse a flote. Si se estira la cocacola y nos manda unos cuantos también nos valen, aunque proteste Cayo Lara. Junto a los papeles y al agua había otra bandeja, también de plata, más grande, con la cabeza de Ana Mato. Un bonito debate bien vale una misa de funeral, debió pensar el Presidente. Rajoy desgranó unas cuantas medidas, algunas incluso concretas, que de llevarse a cabo podrían ser eficaces para luchar contra la corrupción sistémica, la más peligrosa; pero daba igual, porque para que cualquier mensaje llegue es importante atender al mensajero, y la atención parlamentaria y periodística estaba centrada en la bandeja grande, sin atender a que el problema es la pequeña, la que hace de posavasos de plata habiendo cartón. Agilizar la justicia, airear y ventilar la financiación de partidos e instituciones y, sobretodo, democratizar la vida interna de los partidos políticos, esos entes que centrifugan todo el poder, podría ser suficiente, pero nadie escuchó al Presidente. Todo daba igual desde la tarde anterior.

Pedro Sánchez, que introdujo en su discurso esa música que tanto agrada a la ciudadanía y que comienza por las notas de comenzar una nueva etapa política (do), dar la voz a los ciudadanos (re), mi, fa sol y trarará, demostró, cuando tuvo que ponerle letra a la cosa, que de ninguna estrofa salía nada nuevo, que todo le rimaba con insinuaciones de que el PP entero y verdadero es un partido corrupto, a diferencia de el suyo. Viejas formas de hacer política. El “y-tú-más”. Sánchez demostró ayer que su forma de hacer política es exactamente la vieja, la misma que tiene Rajoy. No entiende que el descrédito de los partidos tradicionales le afecta a él tanto como al PP y que solo un gran consenso de medidas concretas y valientes contra la corrupción podrá sacarlos del “son todos iguales”. Sánchez, que anda probando cosas y busca su sitio dentro y fuera del partido, debería empezar por un cambio de letra, ya que ha conseguido lo más difícil, parar la sangría de voto en el PSOE. Veremos si sabe y si le dejan.

Buena parte de eso que venimos a llamar “el arco parlamentario” tampoco anda mucho mejor. Cayo Lara no mira para Andalucía. Convergencia i Unió tiene la sede embargada precisamente como responsable civil de un buen número de los más sonados casos de corrupción, y a su líder carismático, Ubú president, cumpliendo deprisa años en libertad consciente de que la vejez es su mejor abogado para eludir la prisión. Sólo el PNV parece salvarse… ventajas de tener transferidas a la vez la Hacienda y la Justicia, y desde hace tantos años. Con este panorama, y aunque nadie niegue que los parlamentarios puedan estar obrando con lealtad a su papel y sinceridad para con los ciudadanos, todo suena vacío, hueco y teatral. Las medidas anunciadas ayer por Rajoy –de mayor calado de lo que pueda parecer porque algunas van a la base del problema, la dictadura interna de los partidos- suenan huecas precisamente porque salen de su boca. Lo dicho por Sánchez contribuye muy poco a superar el discurso de siempre, y desde luego no ha logrado ningún impacto social que permita atisbar el paso de un tiempo viejo a un tiempo nuevo. En este estado de cosas solo el populismo, que es el jabón que la especulación política pasa por la espalda de excluidos y cabreados, sigue vigente. Ayer vimos una bandeja de plata salvando al atril parlamentario del arañazo de una vaso de agua. No está mal como metáfora.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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