FRUTAS CONFITADAS

FRUTAS CONFITADAS
            A primeros de diciembre de 1948 una radio de Washington DC telefoneó a varios embajadores para preguntarles qué querían pedir por Navidad. El embajador de Francia en Estados Unidos abogó por la paz en el mundo. Alexander Panyushkin, su homólogo soviético, pidió la libertad del proletariado más allá del imperialismo. Sir Oliver Franks, Embajador del Reino Unido, contestó: “Son ustedes muy amables. Desearía una caja de frutas confitadas”. El mismo día que el Presidente Rajoy era recibido y alabado por el Presidente Obama, Rosa Díez bromeó en los pasillos del Congreso de los Diputados aludiendo a que la peregrinación mariana más que a Estados Unidos debería haber sido a Lourdes. Lo cual demuestra que quien quiere ser madre superiora de la regeneración política en España, tras treinta años de vivir en la política no ha entendido nada de la política exterior. En la tabla periódica de los elementos políticos patrios, Rosa actúa más como catalizador ácido que como inhibidor. Se maneja mejor en la hiel que en la miel. Un desperdicio dada su gran capacidad para la acción política.
            Así las cosas, la oposición no ha podido empañar el éxito del viaje de Rajoy a EE.UU pese a esa manía, tan arraigada en los partidos cuando ejercen de oposición, de hacer una enmienda a la totalidad de cualquier cosa y de no marcarse ninguna línea roja de rubor. Una precaución que deberían tener en beneficio de su imagen y credibilidad cuando lo que sale bien va en beneficio de todo el país. La política internacional es una amalgama de certezas e imponderables. Un equilibrio de intangibles en el que a este lado del ala oeste de la Casa Blanca hay una realidad incontestable: Estados Unidos, 25% del PIB de la economía mundial, es el principal aliado de Europa y sigue marcando la política internacional y en gran medida la economía mundial. En ese contexto, el Presidente del Gobierno ha cosechado a lo largo de esta semana un éxito sin matices.
            Para ganarse el favor norteamericano todos los presidentes han tenido que ir haciendo lo suyo. Suárez tragaba orgullo mientras arreglaba el nudo de su corbata y aguantaba la fiscalización que la administración norteamericana le hacía de la democracia, una auditoría no siempre fácil en una España aún convulsa. En 1977 visitó EE.UU como un Kennedy español. Felipe González se envainó el OTAN NO y con la fe del converso acabó nombrando Secretario General en la alianza. Si Reagan le deja, Felipe acaba poniéndole su nombre a un misil de alcance medio a lo Pershing II. Aznar, nuestro presidente más norteamericano,  venció su rigidez corporal y emocional para poner los pies en la mesa de Bush; calzado español en lo alto del imperio en los años de mayor prestigio internacional de España. Luego llegó Zapatero y nos bajó de todas las mesas sin saber donde poner los pies. Experimentar e inventar cosas raras en política internacional contra una trayectoria exterior de décadas resultó ser más dañino que Messi eligiendo smoking. Al final Zapatero acabó venciendo su acné juvenil como los enfermos inmunodeprimidos vencen a los virus, metido en una campana. En aquel Washington Hilton en el que tuvo que rezar genuflexo en el national prayer breakfast para hacerle la pelota a Obama. Nada hacía sospechar que un puñado de meses después el Presidente Obama llamaría de noche a La Moncloa. Cuándo se descolgó el teléfono y tras el rechinar de dientes, se oyó del americano lo mismo que le dijo el elefante del chiste al explorador que acababa de cercenar su trompa con un machete.
            El viaje de Rajoy, ideado y ejecutado brillantemente por el jefe de gabinete, Jorge Moragas, vuelve a poner a España en la senda de los países solventes. La responsabilidad de poder transitar por esa senda es ya española y dependerá de que las cosas se hagan bien. Pero al menos, nos van diciendo los que mandan en el mundo que vamos en la dirección correcta. Cabe darse cuenta de lo positivo del viaje USA en términos de imagen para España simplemente formulando la hipótesis contraria: ¿Qué hubiera ocurrido si Obama hubiese dicho que Rajoy no ha sabido afrontar los retos planteados por la crisis y que sigue habiendo dudas sobre la solvencia de España?. El reconocimiento internacional de que la recuperación económica española es una realidad es de esos intangibles que antes o después se convertirá en la caja de frutas confitadas de Sir Oliver: no conseguiremos la paz mundial ni la libertad del proletariado pero por algo se empieza, así que ¿a quién le amarga un dulce?.
            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
Víctor M. Serrano Entío
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