EUROPA, ARTRÍTICA Y DECENTE

EUROPA, ARTRÍTICA Y DECENTE

El drama de los refugiados de la guerra en Siria ha dibujado nítidamente los problemas de la Europa administrada por la Unión. El manejo de los tiempos nunca ha sido una virtud en la Unión Europea, genéticamente diseñada para el orden administrativo. Ordenanza, directriz, jerarquía, estructura o rigidez son palabras monolíticas a menudo leídas antes de la palabra “administrativa”, que sin embargo no casa nada bien con “rapidez”. Sin embargo, la caricatura tantas veces repetida de esa Europa vieja, de movimientos artríticos, sentada en su sillón como Rafaela Aparicio en “Mamá cumple cien años” es una metáfora tan eficaz como injusta. La lentitud (exasperante, sí) con la que la Unión Europea intenta resolver sus problemas no debe tapar que a este lado del mundo, en lo que confusamente englobamos como la Europa occidental, se tiene una visión de los problemas mucho más cercana a la decencia de lo que nosotros mismos estamos dispuestos a admitir. Europa y Estados Unidos, con sus errores (muchos) y sus aciertos (muchos más) son en estos momentos un paréntesis mundial en cuanto a respeto por otras culturas.

Sí, estamos de acuerdo, la Unión Europea nos saca a veces de nuestras casillas. Vemos el sufrimiento inexplicable de los refugiados de guerra y queremos que se atienda ese drama ahora, ya. Pero lo cierto es que Europa es la única que puede ofrecer esperanza a toda esa gente que huye del horror. Si Europa acoge el derecho de asilo de esta gente no es porque seamos ricos, broten euros en París, sobre el trabajo en Alemania o atemos a los perros con longaniza a las puertas de las tiendas de Serrano. Si Europa puede organizarse –aunque sí, muy lentamente- y hacer ese gran esfuerzo -que no se está haciendo en ningún otro sitio- es porque tenemos valores (incluso históricos) que no tienen nada que ver con nuestro potencial económico, como son el del respeto a los derechos humanos vengan los humanos de donde vengan y con independencia de su ideología, creencias, raza o religión. La solidaridad, los derechos humanos y el respeto no tienen nada que ver con la economía y sí con nuestra cultura y valores históricos cristianos. Ahí están, valgan como ejemplo por muchos otros, Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes, con su conciencia tan limpia como la grifería de oro de sus aeropuertos, los vistosos vinilos de sus compañías aéreas y sus flamantes camisetas en grandes equipos de fútbol europeos.

Los valores de Europa han configurado sociedades abiertas y, por lo tanto, críticas. Que seamos críticos está bien. Pero de ahí, a tener tan mala conciencia, va un abismo inexplicable digno de análisis sociológico profundo. La Unión Europea es la única capaz de tejer una red de acogimiento de derechos y solidaridad, tirando de sus potentes entidades públicas y también de su sociedad civil, sin duda la más solidaria, plural y respetuosa del mundo junto con la norteamericana. Pero no debe olvidársenos que si podemos acoger es, ante todo, porque queremos acoger. Somos lentos; el derecho de asilo es un derecho internacional pero de regulación y legislación interna de cada país, y por lo tanto, susceptible de ser permeable a “egoísmos” nacionales, como vemos en Hungría. Pero la lentitud, que obedece sobretodo a que la Unión Europea está intentando preservar la unidad y ha preferido no llevar a votación los cupos de acogida al seno del Consejo de Justicia para que no se visualice el enfrentamiento con Hungría y Polonia, no puede ser el defecto que todo lo tape y alimente malas conciencias.

Al final de todo veremos como Europa es la única, junto con EE.UU, que ofrece solución al drama humano y que hace el dramático esfuerzo de intentar ir a la raíz del problema: parar a una banda de locos asesinos que crucifica a los bebés, viola y mata a sus madres y degüella a todo hombre que se le pone por delante. Eso sí, no faltará desde aquí quien pontifique sobre la lentitud de Europa y el imperialismo yanqui. Incluso cuando lleguen los féretros de los soldados norteamericanos al informativo de las tres. Busquen otros rincones de decencia por el mundo; tal vez no encuentren muchos.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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