ESTÉTICA DE LO NUEVO

ESTÉTICA DE LO NUEVO
            A la hipótesis de una III República española se le han muerto los politólogos, le agonizan los ideólogos y ya solo le quedan los traumatólogos. No hay un verdadero debate sobre la conveniencia o no de la monarquía. La Constitución republicana no es sino un parte facultativo. El debate, diminuto, es en realidad la vieja discusión entre las ventajas de mantener lo antiguo o sustituirlo por lo nuevo. Vejez y experiencia o juventud y frescura. Pero los súbditos -para desesperación republicana- no avanzan hacia un cambio en la forma de Estado sino en poner a un Príncipe en forma en el Estado. Ha llegado el momento en el que, con la democracia asentada, se puede discutir y divulgar todo. Pero no hay una verdadera divulgación republicana; solo tres viejos tópicos lanzados al aire en la escuela de cantos de cisne de las redes sociales. Meras reiteraciones sobre lo antiguo, costoso y antidemocrático de la  monarquía. Argumentos que se rebaten de un plumazo con la República Romana del 509 a. C., Carla Bruni y Sarkozy en el palacio del Eliseo y la República Popular China: modernidad, sencillez y libertad. Por su lado, los monárquicos no pierden un minuto en defender a la institución sino que nos van convenciendo, cuando toca, de las bondades de los que van ocupando el trono.
            La gente quiere caras nuevas. No importa lo que haya detrás. Si es nuevo, es bueno. Vivimos en la estética de la juventud. Uno ve a los médicos informar en la Quirón y se da cuenta de que nos están anunciando que la vieja estrella del equipo podrá volver a jugar una vez superada la lesión. Con sus micrófonos mínimos y su photocall de empresa han convertido la clínica en la sala de prensa del Bernabéu. La afición se alegra cuando los lesionados vuelven a la convocatoria; pero el entusiasmo queda reservado al anuncio de nuevos fichajes. La salud y la estética son las nuevas religiones de nuestro siglo y la dictadura de la juventud es la única congregación militante a la que no le han quemado nunca las sacristías. Cuando la medicina entra en política ya no caben soluciones sino cuidados paliativos, las comisiones parlamentarias dejan paso a los cataplasmas y el legislador se convierte en un familiar que espera la visita del doctor con la impaciencia de un pasillo blanco con carritos.
            La Historia está llena de huecos porque nos cuenta cosas viejas y hemos hecho que a nuestros jóvenes más jóvenes no les interese. Por eso hay tanto político local dispuesto a rellenar los huecos del conocimiento histórico con una nueva Historia inventada que ratifique sus premisas, agravios y prejuicios. Esa falsedad es evidente pero joven. Al Rey ya nadie le recita su historia, que es la Historia de la España que transitó de la dictadura a la democracia. Ya nadie le canta la machacona canción sobre su papel crucial en el golpe de Estado, por ejemplo. El tiempo y media docena de errores le han envejecido más que a los de su generación. Pidió perdón.
            Lo mismo con la Corona que con otras instituciones o el papel de los partidos políticos, está calando el discurso de que, como muchas generaciones actuales no votaron la Constitución, la Carta Magna ya no sirve. Si aceptamos el argumento expulsamos a las generaciones que sí la votaron, y además, teniendo en cuenta que las generaciones de esta era tecnológica cambian cada veinte años, más o menos, cada siglo hay que hacer cinco referéndums para reinventarlo todo: desde la forma de Estado y la organización territorial hasta la distribución y planta judicial. Tamaña barbaridad no ha sucedido nunca en la Historia de ningún país que sea algo más que dos lados de una carretera africana sin ley ni orden. El desprecio por la experiencia, la Historia y nuestro devenir en común durante siglos ha pasado de moda a dogma. La inequívoca belleza de la juventud y el irresistible encanto de lo nuevo se entiende mejor desde la experiencia. La estética ha derrotado a la ética precisamente porque la ética nunca cambia y la estética está en cambio constante. Somos meros consumidores de cosas nuevas, esclavos de la juventud y yonkis temblorosos en busca de un chute de frescura sintética. De la publicidad al cine, de Hollywood a nuestro barrio, de la Monarquía a la República, o eres joven o te sienta bien el botox. No cabe otra alternativa.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
           
Víctor M. Serrano Entío
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