ESPACIO/TIEMPO

ESPACIOS Y TIEMPOS

El domingo nos ha dejado dos líos: el de que vayan a mandar muchos y el de que deje de mandar uno. La izquierda ya no es una, por lo que hay que retomar los plurales de principios del siglo XX y hablar de las izquierdas, que andan en el lío de la gobernación del municipio y la comunidad. La derecha sí que es una, y no la suelta Rajoy, ni hay síntomas, por lo que anda en el lío de tener que volverse a casa. El lío de las izquierdas es un lío de espacios que se puede ir resolviendo. El lío de la derecha, que es un lío de tiempos, se enquistará en Rajoy si la vitalidad del PP es la demostrada hasta ahora.

Las izquierdas han quedado citadas en los palacios de la gobernación. Hay una parte de esa izquierda que ha pasado de las acampadas a las carpas y de las carpas al consistorio en tiempo record. Lo importante es el espacio, no el tiempo. Las acampadas y las carpas sólo difieren en la solicitud de un permiso administrativo. Pero de las carpas a los ayuntamientos y las comunidades el espacio cambia mucho. De ahí puede surgir cierta desorientación que el PSOE, con sus cuarenta años en los espacios, se ha propuesto paliar, ya veremos si con éxito porque es mucha la diferencia sociológica entre un partido de gobierno con tradición histórica (PSOE) y un partido de protesta neonato en la ordenanza de los asuntos públicos (PODEMOS). La desorientación no es el peor de los males en la política porque tiene cura con el tiempo. En cuatro años a nadie le amarga una moqueta.

La derecha, lo que queda de ella, que es mucho, mucho más de lo que la propia derecha ve de sí misma, es la que tiene un lío temporal. Si hay algo importante en la política es que no te devoren los tiempos y a Rajoy, o sea, a la derecha que queda, hace tiempo que le sobrepasaron. El presidente sigue a vueltas con que nos salvó de un rescate seguro, ordenó la economía del país y respiraron aliviados en Washington y en Berlín. Todo eso, que es cierto, no vale de nada cuando en 2.015 sigues tocando las claves del 2.011. Superado por los acontecimientos, ya no se puede distinguir al presidente de nervios de acero que cogió al país en una situación de auténtica emergencia del presidente que parece tranquilo cuando en realidad lo que está es sonado, como le ocurrió a Zapatero después de aquella noche en la que leyó “Obama Móvil” en la pantalla de su iphone.

Sorprende que de entre todos los políticos del PP que vuelven a casa por mayo no haya surgido una verdadera rebelión, y que solo los barones del partido que menos tienen que perder por su trayectoria vital, se hayan atrevido estos días a insinuar que tal vez no estaría mal que quizás en un momento dado, sin prisa presidente, se revise la política del gobierno y del partido, sin atreverse si quiera a insinuarle a Rajoy que el problema es fundamentalmente él. En esto también vemos lo necesario de una renovación en los partidos tradicionales, tanto en el PP con su victoria derrotada como en el PSOE con su derrotada victoria.

Pablo Iglesias, que ya se adjudicó la abdicación del Rey, va a hacer más que Rajoy por la regeneración de la derecha española. Nuestra valiente Luisa Fernanda, con su autoridad, y Juan Vicente Herrera, con su espejo, han hablado del presidente. Herrera, tras centrarnos el balón de una metáfora fácil, ha tenido un punto de crueldad colocando al presidente frente a un espejo. No hay peor comparación que la que nos desnuda ante nosotros mismos. Tal vez por las esquinas del espejo asomen Suárez y Aznar, presidentes del centro derecha español que se marcharon. Pero no hay síntomas, y con Rajoy como candidato dentro de apenas seis meses, sonará el tercer aviso, y definitivo, que la taurina Luisa Fernanda le recontó el otro día al presidente. Lo sorprendente no es que un hombre se aferre a su propio relato de las cosas y pierda la noción de la realidad, sino que toda una legión de damnificados esté muda. O tambores de guerra, o clarines y timbales.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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