EL REY EN BARCELONA

EL REY EN BARCELONA

Al salir del cine le cuento a los niños que Bing Bong, el elefante rosa que llora caramelos y tiene cola de gato, no existe. Los niños bien que lo saben, pero les gusta oírlo. Cuando los niños se van haciendo mayores maduran descartando sueños e incorporando certezas. Es el juego del “tu-la-llevas”, la realidad persiguiendo a los mitos para cogerlos y que la paguen. Así van descubriendo una vida que no por menos mítica deja de jugar con nosotros al escondite. La naturalidad con la que explicamos estas cosas a los niños, como que Bing Bong existe pero solo en nuestra imaginación, se convierte en hastío y malagana cuando tenemos que repetir perogrulladas a un adulto. De ahí que Barrio Sésamo haya tenido mucho más éxito que los Teletubbies. Esa sensación de estupidez que a uno le queda destapando certezas, como que es conveniente respirar para seguir viviendo, es la misma que tenemos los juristas, tertulianos, periodistas, escritores, políticos y otros inadaptados recordando “las generales de la ley” en lo de Cataluña y sus independentistas. Legalidad vigente, marco constitucional, convivencia, historia común, economía, solidaridad, democracia, libertad e igualdad. Elefantes rosas que lloran caramelos en la tierra en la que las sentencias judiciales tienen cola de gato. De gato muerto.

Ayer el Rey estuvo en Barcelona. Despierta simpatías. Hubo ovación de jueces, seres no diseñados para ovacionar. Este Rey de trajes slim fit es un rey al que ningún español tiene en su imaginario vestido con la guerrera. A su lado está Artur Mas. El President pone cara de circunstancias, pretende ser cortés pero no le sale. Está tenso. Días antes se permitió la chulería de pisar Palacio con el anuncio de hacerlo “en son de paz”, de donde se deduce que hay una guerra ya declarada en el subconsciente de un hombre que tal vez sueña con los elefantes rosas de una independencia que llora euros. Mas, a diferencia del Rey, es el pasado. Representa a un partido acorralado por decenas de sumarios y sentencias condenatorias por corrupción. Está en la huida hacia adelante del que se sabe la teoría del caos. El que está a su lado en ese acto de jueces que llegan a su destino es un Rey de sangre roja y trajes azul eléctrico, moderno, y que ha puesto a la institución en hora con su tiempo. Dialogante con quienes no dialogan, tolerante con quienes no toleran. Los independentistas querrían a un Rey viejo de la vieja España, uno que a duras penas pudiera acarrear con la pesada carga de la anciana institución del anciano Estado a sus espaldas. Pero se encuentran con un Rey que llega mucho más allá del ABC y que queda bien en el Telenotícies, que faena.

Ya nada importa a algunos, salvo conseguir una independencia que permita mantener los privilegios de una casta que se volvió independentista cuando empezaron los problemas fronterizos con Andorra y con el Supremo. Por la independencia hacia la desigualdad. Quieren cambiar la gran máquina económica y cultural de la Cataluña europea y española por un gran elefante rosa. Tienen la prepotencia del que se cree superior. Con la mayoría que van a conseguir en septiembre y con los diputados con los que quieren dar el golpe, no podrían ni nombrar nuevo Síndic De Greuges acatando sus propias leyes. Ya no hablan de referéndum por la independencia porque saben que lo pierden. Su única salida, a la desesperada, es imponer la independencia a todos.

Hay un Rey en la escena que está de pie escuchando la ovación de los nuevos jueces en Barcelona. Dice que los poderes públicos están sometidos a la ley. Mientras lo dice se le nota cierto hastío, el de tener que decir cosas sabidas. Tiene el gesto serio pero no tosco. Sabe que este es también su desafío y está preparado.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

Víctor M. Serrano Entío
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