EL LISTADO

Al este del ala Oeste

EL LISTADO

El nuevo año es el listado de lo que nos queda por hacer. Alguien con talento y mucha pintura roja en spray pintó con grandes letras sobre un gran muro: “Cosas que odio: 1.- El vandalismo. 2.- La ironía. 3.- Hacer listas.” La revolución de la era tecnológica, la edad de la informática, nos ha llenado el pensamiento y la acción política de listados e inmediatez. Muchos sociólogos advierten que somos la “generación nespresso” porque no ansiamos poseer las cosas o transformarlas, ansiamos poseerlas o transformarlas ya. Sin embargo, la inmediatez puede resultar peligrosa si impide un análisis profundo y sosegado de lo que ansiamos ser. Queremos ir a Marte y que Ramón cuelgue en facebook las fotos de la inauguración de la peluquería como queremos cambiar nuestras instituciones, transformar la sociedad o tomar un café en el desayuno. Lo queremos ya. El fin último de la era tecnológica no puede ser solamente ordenar información haciendo listas de todo y dotar a nuestras necesidades de una nueva necesidad: la inmediatez. La necesidad de soluciones express puede añadirnos buenas dosis de ansiedad. Hablamos de grandes cambios pero ¿qué ha cambiado de verdad en los últimos cincuenta años?

Nos pasamos todo el tiempo analizando cambios, revisando estructuras que creemos obsoletas, desde las instituciones hasta el derecho, la política y la ciencia. Pero los cambios en la sociedad, la evolución de sus instituciones, a diferencia de la biología, no siempre obedecen a las reglas de la evolución. Caemos en el error de pensar que todo cambio en nuestras estructuras va a ser mejor porque hoy somos una sociedad más abierta, más preparada y que está impregnada desde la cuna con valores democráticos. Por lo tanto, la lógica de las cosas, las reglas de la evolución, desde Darwin, nos llevan al infalible resultado cierto de que cualquier cambio profundo nos traerá una sociedad mejor. Sin embargo, la sociedad está conformada por individuos cuyos sentimientos básicos no se han alterado ni un milímetro. El amor, la vanidad, la envidia y otros sentimientos relacionados con el ego siguen siendo los mismos. El ser humano no cambia, cambia su entorno pero no sus sentimientos básicos siempre sometidos, además, al libre albedrío.

Esta crisis agonizante o agonizada, este fin definitivo del sistema capitalista que nos iba a traer un modelo completamente nuevo, este Apocalipsis millones de veces tuiteado y voceado como ninguna otra catástrofe en la Historia de la Humanidad, ha acabado defraudando bastante a los más cenizos, porque ahora resulta que no era el fin del mundo. Es cierto que ha generado dolor y pobreza pero no es menos cierto que al final, con sus siete años, siete, se ha comportado como una crisis cíclica más del capitalismo, de esas que los economistas analizan -a toro pasado- como necesarias para purgar al sistema de elementos ineficaces y dotarla de correcciones. España, en su periodo último de democracia y Constitución (hasta ahora conceptos que no se pueden desligar de nuestra Historia, pese a quien pese) se ha modernizado a pasos de gigante. Hemos visto al país internacionalizarse, abrirse al mundo y sus mercados, estar presente en esferas de decisión mundial pese a su pequeño tamaño. Pero lo más importante, el cambio más trascendental y decisivo, ha sido en el papel de la mujer en la sociedad. Es lo que más ha enriquecido la calidad democrática y económica del país.

España, lejos de su leyenda negra, tal vez sea el país del mundo donde mejor y en menos tiempo se ha producido el cambio sociológico del papel de la mujer. Lo que nos demuestra que la única razón por la que en estos momentos hemos podido perder vigor como nación es porque somos un país con una clase dirigente envejecida, que ya no tiene ningún tipo de inquietud intelectual y que huye de cualquier riesgo. En el número uno del listado de problemas del país está el envejecimiento de sus dirigentes. En el dos, la gran desigualdad social que ha germinado en estos últimos siete años. En el tres, la no culminación de la integración total de la mujer por falta de plena conciliación laboral y familiar. Para afrontar esos retos no necesitamos acabar con todo. Los salvapatrias son siempre peligrosísimos.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

Víctor M. Serrano Entío
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Abogado y Blogger desde enero de 2012.

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