EL DISPUTADO VETO

EL DISPUTADO VETO

Delibes ya nos dejó escrita una campaña electoral de antaño, que eran las de la apasionante disputa de un voto, cuando el voto tenía surcos de tierra árida y su valor cualitativo, casi religioso, era el valor del argumento frente a la insignificancia de la aritmética. La heroicidad de que te voten estaba en el voto argumentado. Aquellos votos de antes, como los del Sr. Cayo, llevaban detrás toda la mística y solemnidad que requiere convencer a alguien de algo con ideas como única arma y escudo, cuando no existía la mercadotecnia y la politología sonaba a clínica de desintoxicación. Aquella España rural que se iba en la novela de Delibes, y que se nos sigue yendo un poco cada día, sin acabar de dejarnos del todo, vivió la política como acontecimiento, casi como milagro.

La lucha por el voto, que hasta ahora había sido siempre la lucha por la razón, ha dado paso a la lucha por el veto. Estos partidos que pasan por nuestra vida metidos en sí mismos, los viejos por costumbre y los nuevos porque la genética es la genética, nos piden nuestro voto para vetar algo. De la mayoría no sabemos que harán con España pasado mañana. Sánchez veta a Rajoy, al PP y al referéndum de Podemos por la independencia de media España –la rica, casualmente- contra la otra media –la menos rica, qué casualidad-, Albert Rivera veta a Podemos y a Rajoy, que se ha convertido en su obsesión de campaña, Pablo Iglesias veta todo lo que no sea gobernar con o sin zarpazo al PSOE y Rajoy está a un veto de sí mismo.

Ya sabemos que este aborto de segunda vuelta nos plantea el escenario que ya teníamos y que tendremos después porque en los vetos no hay inteligencia, ni razón ni generosidad y así no hay quien dibuje al carboncillo lo que vendrá. La transversalidad del veto, del todos contra todos, empieza a no entenderse, y si después de las urnas del domingo no hay entendimiento, por mínimo que sea, los partidos van a caer en el antipatiquismo, que es una cosa muy literaria y española pero que hasta ahora no había sido inaugurada aún en la política y menos aún como toda política posible.

Mañana, jornada de reflexión, trompeta con sordina de la que sale un hilo paternalista y agudo, como de trompeta de Don Rosario durmiendo a los huéspedes. La jornada de reflexión sigue en el ordenamiento como prueba de que algún ordenamiento está desordenado por los achaques propios de la edad. No hay necesidad de reflexión después de un año de campaña electoral pero sobretodo porque para reflexionar a quién se veta con nuestro voto no hacen falta veinticuatro horas. Hace ya mucho tiempo que venimos sabiendo quien o quienes nos caen gordos. De ahí que los encuestadores, que como economistas de la opinión siempre nos adivinan el pasado, nos pregunten con quién nos tomaríamos una cerveza y les importe menos con quién nos tomaríamos las de Villadiego. Lo importante es no caer en el antipatiquismo para que no te llueva un veto o un Ministro descuidado con micrófonos a deshora y pelotilleros en punto.

Rajoy se ha jugado la campaña a que no le veten el lunes, esfuerzo estéril si no tiene más diputados que en diciembre, Sánchez a vetar a todos menos a Rivera, ya veremos si sigue Pedro el lunes, Rivera a vetar a todos menos a Sánchez, un solo diputado menos será su fracaso, y Pablo Iglesias a vetar a la socialdemocracia para quedársela, duda de la que también salimos el domingo. El disputado veto nos dibuja una España sin un proyecto claro, un folio en blanco para ir escribiendo la glosa del día, que suele ser una conspiración provinciana en Madrid o una conjura madrileña en provincias.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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