EL BLOQUEO DE LOS BLOQUES

EL BLOQUEO DE LOS BLOQUES

No se ponen de acuerdo en nada. Ni para reducir gastos en estas elecciones que han cargado a nuestras espaldas, como si los ciudadanos tuviésemos la culpa de su escaso talante y sus nulas capacidades para alcanzar consensos institucionales básicos en nuestro beneficio. En Aragón, desde hace dos años, está en funciones El Justicia porque cada vez que se propone un nombre rápidamente hay quien lo sitúa en la columna de la derecha o en la de la izquierda pero nadie le saca la Excel de sus capacidades. El fracaso de los políticos de nuestra generación es evidente. Tan evidente como que si la política es el arte de lo posible ni siquiera están haciendo posible aquello a lo que vienen obligados por Ley, como cumplir plazos para renovar instituciones.

¿Es esta nueva generación de políticos más intolerante que las anteriores? Si nos atenemos a los resultados, eso parece. No es descartable que con la clase política nos ocurra lo mismo que con los datos sobre igualdad de sexos en la escuela: años de concienciación, escasos resultados. España es el país del mundo en el que más observatorios, seminarios, cátedras y otros entes hay sobre tolerancia, pero a lo máximo que llegamos es a la “soportancia”. Es tal la simplificación mental de las cosas por bloques e ideologías que cualquier aspecto de la vida tiene su derivada política. Lo peor de todo es que esa concepción simplista y maniquea de la vida pública, permeable en la sociedad civil, es progresiva. La historia nos demuestra que en la radicalización de las cosas siempre hay un punto de no retorno.

Si piensas que la reforma laboral de Rajoy fue dura pero necesaria, amputar un pie para que no muriera el enfermo, es evidente que eres del PP. Si piensas que la reforma de Hollande en Francia es dura pero necesaria, amputar un pie para que no empeore el enfermo, es evidente que eres socialista. Ambas reformas laborales son idénticas, pero da igual porque nadie se va a detener diez minutos en compararlas, estudiar efectos y criticarlas razonablemente. Las medidas y las cosas son buenas o malas en función de quién las hace y en que bloque está el sujeto en cuestión. Si crees que es positivo un entorno familiar con un padre y una madre que cuide de sus hijos y se preocupe cada día por su futuro, Ana Gabriel (a quien se le pone un micrófono porque es parte indispensable en el proyecto del gobierno en Cataluña, tela marinera) te dirá que eres un facha y que lo único progresista es la tribu y la comuna, tener hijos todos y todas con todas y todos, soltarlos en una pradera y que los eduquen el sol y una dictadura comunista. Lo peor ya no es que los niños no sabrán a quién entregar las notas, sino que no hay ya menos de una decena de miles de borregos que sigan a tamaña pastora de ideas aberrantes. Este es el nivel, me temo.

Esta nueva generación de políticos, educados todos en la EGB de nuestra democracia, conoce y vive valores democráticos y tolerantes pero le cuesta alcanzar pactos y consensos porque ha heredado una desafección total por las instituciones a las que deben representar para representarnos, o sea, por un patriotismo institucional. Un patriotismo que no es poner la bandera en el balcón, sino creer en la fuerza de las instituciones democráticas, respetar sus reglas y sus tiempos. Patriotismo es separación entre los poderes del Estado, creer que tendremos un país mejor cuando la Ley nos dote de la mejor educación para nuestros hijos alejada de los vaivenes de la política por bloques. Patriotismo es respeto institucional, respeto que incluye tener que hacer reformas para mejorar, que no se debe interpretar como inmovilismo y que requiere amplios consensos. El fin del bipartidismo no ha supuesto la ruptura de los bloques ideológicos sino su refuerzo. Al menos de momento.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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Abogado y Blogger desde enero de 2012.

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