CIEN DÍAS Y PICO

CIEN DÍAS Y PICO

Cien días de gobierno de Zaragoza en Común en el común de los zaragozanos. No se ha roto nada. Aquel rechinar de dientes de las señoras perladas y los señores mayores que dicen “de toda la vida” como coletilla constante, y toman cafés en las tardes del Paseo de Sagasta, anunciaba catástrofes que no se han producido. Tampoco los negros vaticinios y resquemores de los desalojados del palco del Teatro Principal. Parece mentira que a estas alturas de la vida los políticos de antes sigan dándole tanta importancia a los palcos, con los malos precedentes que tenemos desde lo de Lincoln. Cien días y ya tenemos la ansiedad de la calle donde suele: en empezar las fiestas, en que no le roben en el tranvía, en ver al nuevo cabezudo de la cigarrera del tubo y en que no nos suban el IBI. Al final, la política municipal, gobierne quien gobierne, y se ponga como se ponga, en plan Madre Teresa o en plan La Pasionaria, es esto; que los semáforos funcionen, las calles estén limpias y salga agua por los grifos (como competencias propias) en una ciudad en la que la gente tenga trabajo y techo, y que cuando no tenga una de las dos cosas se vea asistida por el ayuntamiento (antigua competencia impropia) que lo hace mejor y con más facilidad que la Comunidad Autónoma (moderno incumplimiento impropio). Cuando aprietan las necesidades confundimos los foros y los momentos procesales oportunos, y contrariamente a lo que cree el nuevo comunismo, no se puede hacer la revolución social sin antes pactar con el comercio, renegociar con la banca y distraer a los que no te votan. En las dos primeras cosas ya están el alcalde y Rivarés pero no se ve (no digo si se intenta, digo que no se ve) ningún esfuerzo por gobernar para quienes no les votaron, algo que deberían corregir pactando con otros grupos si no quieren ser un paréntesis en la gobernación de la ciudad.

Los cien días de Santisteve han sido los de la aireación y el recuento. Ha puesto a Rivarés y a los funcionarios a contar y los números son rosarios. Hay sesudos analistas políticos que claman contra que los nuevos gobiernos entrantes utilicen el argumento manido y facilón de las herencias recibidas, pero es que hay herencias que si en lugar de una administración pública las dejara una tía de América, no se aceptarían ni a beneficio de inventario. Al PSOE municipal no le gusta que el alcalde se queje de la herencia recibida mientras el PSOE autonómico se queja de la suya. Menos mal que ya habíamos quedado en que el PSOE es un partido plural en el que caben todas las sensibilidades y al que le echa los números Fernando Gimeno. Lo cierto es que, tal y como nos venía anunciando la Cámara de cuentas, los números que le salen a Fernando Rivarés son tan similares a los que le salían al PP municipal que si la humanidad hubiese alcanzado el mundo feliz de Huxley, el alcalde hubiera hecho pregonero a Jorge Azcón por aplicado y por visionario. Lástima que sigamos en la más shakesperiana tempestad.

Uno -que siempre ha pensado que los comunistas y el Papa dominan los gestos- no se esperaba que por aquí, por lo de los gestos, fuera por donde más desgaste iba a sufrir Santisteve. El lío del pabellón sin nombre, las coca colas, las banderas y algún otro hacen daño a la imagen del alcalde, y le ponen en la peligrosa situación de que le metan en el mismo saco que a Ada Colau o Carmena, él que no ha cometido ninguno de sus abusos (Colau) ni de sus excentricidades (Carmena). No se puede instaurar la III República encargando pintura para un pabellón ni comprometer el 25% de PIB mundial estadounidense cambiando las coca colas por Pepsi; además, un Ayuntamiento no está para eso. Si el alcalde consigue centrar aún más a su grupo en lo importante, algo que ya ha conseguido en parte, e inaugura el acercamiento a otros grupos y a la sociedad (para lo cual debe abandonarse el discurso agresivo de “todo-lo-viejo-malo-opaco-sospechoso”/ “todo-lo-nuevo-bueno-transparente-limpio) conseguirá la estabilidad necesaria para gobernar sin más sobresaltos que los que suele dar la municipalidad. Para lo cual también le vendría muy bien un Gobierno de Sánchez apoyado por Pablo Iglesias a partir de enero, claro.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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