CELA Y EL REY

CELA Y EL REY

El Rey, que aparece envejecido el martes entre políticos, rejuvenece al día siguiente hablando de la literatura española de la última mitad del siglo XX, o sea, hablando de Cela. Incluso en su barba canosa -que nos queda bien a muy pocos, Majestad- se ve a un Rey más jovial. El Rey evoca el juego que le daría a nuestro último premio Nobel la situación política actual. Nunca uno puede fiarse de un escritor en sus últimas horas, que son las primeras horas de su resurrección, excepto de Sartre porque ya solo le interesó escribir contra sí mismo.

A este Rey nuestro, como al anterior en sus inicios, le falta aún encontrar su encuadre histórico definitivo porque los inicios del reinado, como los inicios del reinado de su padre, se ven eclipsados por el ruido de políticos intrigantes y mediocres en el escenario de una nación vieja. Una nación histórica, la más histórica del mundo, pero que nunca acaba de terminar las obras, y así un milenio o siete siglos, siglo arriba guerra abajo. A este Rey le toca sortear mediocres tratándolos con paciencia y como si fueran hombres de Estado, y a este Rey, muy por encima de los políticos de su generación, le envejecen mucho los mediocres y le rejuvenece bastante la literatura. Se le nota hasta en las fotos de prensa. Lo que me recuerda que Cela dejó escrito que los fotógrafos de prensa eran la profesión peor vestida de España. Por cosas así Cela tenía tantos amigos.

Cela es historia de la literatura española porque en sus páginas no hizo otra cosa que retratar España viajando, que es como se retrata a un país hecho de Don Quijotes y Sanchos errantes. Cela nos sacó el retrato en sus viajes y en el café de Doña Rosa, porque la Colmena es la novela que mejor nos define como la nación de pequeños burgueses venidos a menos que somos. Doña Rosa supo dar utilidad hasta a las lápidas, dándoles la vuelta por el lado donde no figuraba tallado el nombre del difunto y haciendo con ellas la mesa de café de la pequeña burguesía. En esas mesas-lápida está la metáfora marmórea de nuestra propensión a vivir de apariencias y fantasías. Y de profanar a nuestro muertos en las tertulias. En la parálisis institucional y política que vive España a ver quién es el guapo que le da la vuelta a la lápida de la cosa. El porvenir de España, como le escribió Ganivet a Unamuno, está en reconocer cuanto antes que nuestros Ulises griegos son Don Quijote y Sancho Panza, al igual que hay un Ulises teólogo en Italia, Dante, o un Ulises filósofo alemán, Fausto.

Hoy tal vez lo más interesante de estos dos Ulises está en el viaje, en el recorrido, en la certeza de que no hay mejor anclaje a la realidad que la pretendida y matizada locura de uno y la supuesta inocencia agropecuaria del otro. Es tal el hartazgo ciudadano con sus políticos que no son pocas las voces que se atreven a decirte por la calle que lo que España necesita es un Rey que los ponga firmes a todos y les de dos collejas como al niño gamberro y que no estudia que son. Conviene en este punto advertir que eso es querer otorgar al Rey unas funciones que no tiene, pretender que haga de Don Quijote o de Sancho, cuando el Rey es el único que no puede permitirse en España ser ni Don Quijote ni Sancho. Las masas esperan a veces de sus reyes unos márgenes de discrecionalidad que no tienen.

Cela nos hubiera sacado la ruta de este viaje que es un peregrinar por los caminos de la nada, morar en posadas ajenas con un ojo abierto y una mano en el bolsillo del plan de financiación autonómica, por si las “flies”. A modo de ejemplo, con la sola inspiración de Gabriel Rufián y su ráfaga seca de chorradas disparada en la tribuna del legislativo, a Cela le hubieran salido páginas y páginas sobre este chico, acomplejado en Barcelona, sin complejos en Madrid, que es en sí mismo la metáfora parlamentaria con camisa negra de nuestro deambular por el mundo y la prueba del nueve del fracaso de la educación pública en Santa Coloma.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
Sobre Víctor M. Serrano Entío (190 Articles)
Abogado y Blogger desde enero de 2012.

Deja un comentario.