CARICATURA DE RAJOY

RAJOY Y SU CARICATURA
            Por tradición histórica y cierto desahogo, la prensa y los ciudadanos hemos metido a todos los Presidentes del Gobierno en el laberinto de los espejos cóncavos y convexos. Los espejos, como los del parque de atracciones de Zaragoza, nos trasladan imágenes a veces grotescas y a veces divertidas de una realidad que deja de serlo cuando se deforma. Cada Presidente ha tenido su caricatura. La de Suárez fue la de un hombre que podía prometer y prometía, cuando lo cierto es que cumplió con la mayoría de sus promesas y pilotó un tránsito a la democracia ejemplar y estudiado en todas las facultades de ciencias políticas del mundo. La caricatura de González nos traía a un charlatán cantinflanesco de pragmatismo egoísta y personal pero había más patriotismo en muchos discursos y acciones de González del que hoy abunda, que abunda muy poco. Aznar siempre será la viñeta de un señor de ceño complejo con los pies en la mesa de los Estados Unidos, la caricatura de un prepotente que enmascara que bajo sus gobiernos hubo grandes consensos y que España alcanzó el máximo peso internacional como nación respetada. La caricatura de Zapatero es la de un hombre hecho de ocurrencias y buenismo, de cejas en punta y gobernando la tierra a través del viento, pero en su acción política, equivocada o no, había mucho más voluntarismo que improvisación y desde luego no era el personaje vacío de contenido que se nos presentaba. A Rajoy le ha tocado la viñeta del hombre permanentemente tumbado en el sofá que se fuma un puro mientras ve pasar los problemas de España por las ventanas del Palacio de La Moncloa a la par que el Tour de Francia por la televisión. No tenemos aún la perspectiva del tiempo para saber si esa realidad, seguro que deformada, acabará siendo injusta o solo sarcástica, veraz o solo irónica.
            Dos años de legislatura después sí que podemos afirmar que Rajoy ha gobernado con mayor decisión de la que le reconocen sus caricaturistas. Tal vez por ser un Presidente de escasa aparición pública no se presta a nuevas interpretaciones y enfoques en el laberinto de los espejos convexos. El hombre que se aisló detrás de una televisión de plasma ha emprendido una serie de reformas que, a través del sacrificio de todo el país, ha hecho posible que los ciudadanos hoy ya empiecen a percibir que se ha detenido la hemorragia mortal de la crisis. El hombre que presuntamente dormita en el sofá ha llevado a cabo la mayor reforma de las estructuras económicas del país en estos años de democracia, ha bailado con la más fea sin importarle tener que pisar más de un callo para poder acabar el evento sin que nos expulsaran del baile, y ha tenido que tomar medidas duras que iban en contra incluso de sus más exhibidos fetiches ideológicos, desde subidas de impuestos hasta bolinagas de vinos por San Sebastián. Lo cierto es que, si matizamos un poco la caricatura de Rajoy, tal vez la abulia del hombre en el sofá no sea sino la reserva y el temor de todo introvertido frente a una opinión pública mayoritariamente en contra. O tal vez, prudencia en un gobernante que se va a enfrentar en cuatro años extenuantes a retos que otros nunca tuvieron. Si lo de Rajoy es abulia e inacción, la tarea de gobierno que le queda por delante puede ser un desastre, sobretodo ante el jaque al Estado planteado por el independentismo catalán al que en cuestión de meses se sumará el vasco en función de los resultados. Si por el contrario el silencio ante determinados problemas es fruto de la necesaria prudencia en todo gobernante, no se me ocurre mejor virtud que afrontar el órdago independentista, el mayor problema hoy de España, desde la escolástica virtud de actuar de forma justa y cautelosa.
            En Aragón a los que la matan a la chita callando los llamamos megos, y coflones a los comodones y desustanciados. La caricatura de Rajoy como coflón empieza a chirriar. Un sector de la opinión pública empieza a percibir que es incompatible acampar en un sofá con haber evitado que se despeñe un país que estaba ya solo agarrado al peñasco con tres dedos. Si se consolida la recuperación económica y se empieza a crear algo de empleo, o cambiamos de espejos o de caricaturistas. El que no cambiará a estas alturas es Rajoy porque además tal vez a él no le haga falta.
            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
Víctor M. Serrano Entío
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