ANDALUCÍA SÓLO HAY UNA

Andalucía sólo hay una. Es verdad que para dos ya no sé si nos llega, pero lo cierto es que sólo hay una. Y así, en la tierra de la alegría, el sol y la buena gente, en el lugar donde lo único que funciona como un reloj suizo son  los tópicos, el PSOE ha vuelto a ganar perdiendo unas elecciones, lo que va a permitir a la izquierda gobernar en Andalucía más años que Franco. Enhorabuena a los perdedores. 

No me gusta ser lidiador de toros pasados pero que Javier Arenas tenía casi imposible la mayoría absoluta estaba tan claro como que en Andalucía el PSOE es la PSOE, como la Perkins era la Perkins y tan claro como que en Andalucía el PSOE no es partido de Gobierno, es el Poder.

En clave nacional, que es como hay que analizar las elecciones autonómicas de los demás, lo de Andalucía parece peligroso de cara a la necesaria estabilidad en estos tiempos hermosos. Si nos atenemos a datos objetivos Andalucía es el mayor problema en el desempleo de España, si bien es cierto que no el único, y su deuda pública es peor que mucha, desconocida. La única razón por la que hay constancia de que las cancillerías europeas no querían ni en pintura una victoria socialista en Andalucía es precisamente por eso, porque la incertidumbre sobre sus cuentas es grande y con ella las posibilidades de control del déficit disminuyen y la prima de riesgo acecha. 

Andalucía es terreno conquistado para la izquierda y sería el paraíso de cualquier partido de izquierdas mundial. Una de las cosas que resultan más plúmbeas, pesadas o como dirían los mexicanos “intensas” de la izquierda en general y de la española en particular, es ese bucle melancólico y pasional en el que anda enredada desde hace muchos años y que le hace dirigir sus acciones y pasos en el exclusivo ámbito de los sentimientos y el corazón, siendo este último, al menos en política, un órgano tan vital como de casquería.

 
La campaña electoral en Andalucía ha sido estos días un claro ejemplo. Los mensajes que ha mandado el partido socialista para evitar la mayoría del Partido Popular han pasado por la carticaturesca comparación de la derecha con el artrósico y recurrente doberman que se come a los niños y a los ancianos. La derecha llegaría para arrasarlo todo: sanidad, educación, acción social… Y por supuesto dejaría morir de hambre a los parados, apalearía a los pobres y encarcelaría a las mujeres que aborten como ya ha anunciado el eminente “asustatólogo” experto en jornadas de reflexión Don Alfredo Pérez Rubalcaba. Evidentemente la pérfida derecha iba a hacer todo esto por su depravación consustancial e intrínseca. Simplemente porque son malos. Son de derechas. Huxley nos dejó claro al escribir “Un Mundo Feliz” que ni siquiera el mundo feliz es tan feliz, pero el PSOE en particular y la izquierda europea en general llevan años tratando de imponernos “su” mundo feliz y por lo que se ve ese mundo feliz encaja en mi querida Andalucía.

 
El problema grave del discurso del PSOE es que es un discurso dirigido exclusivamente a la emoción y no a la razón. Y es un problema que no corresponde en exclusiva al PSOE sino que me atrevería a decir que afecta a la izquierda a nivel mundial. ¿Dónde está esa izquierda intelectual y culta que fue capaz de remover conciencias e intelectos en busca del bien común y que reformó sociedades occidentales? Desde hace lustros, si alguien la encuentra que avise. Andalucía no es un laboratorio extraño, un terrarium de la izquierda pleistocénica ni un sitio donde la gente esté abducida por una especie de poder omnívoro que todo lo controla porque todo lo subvenciona. Andalucía es el rincón de Europa donde más encaja ese discurso de la izquierda volcado en los sentimientos de la gente de espaldas a la realidad y la razón de algunas cosas. Andalucía sólo hay una, reza la publicidad y suspira aliviado el presupuesto.

Víctor M. Serrrano Entío.

Víctor M. Serrano Entío
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Abogado y Blogger desde enero de 2012.