ALCACHOFAS

ALCACHOFAS

Rajoy se emociona ante un campo de alcachofas. El otro día Manuela Carmena destapó sus grandes planes para Madrid ante un huerto vertical sin que nos pudiera especificar si era de lechugas o de acelgas. No es la alcaldesa mujer de matices. La lucha de las ideologías en España pasa de la revolución industrial, turística y europea y se apunta al agropecuarismo, lo cual no parece una evolución.

Hasta ahora estábamos acostumbrados a que los helechos, los calçots y el monte como bandera solo fuera una bandera para reclamar las independencias. El independentismo, siempre emergente en España, solo ha tenido un relato sentimental unido a lo alimentario y al folclore. Por eso el nacionalismo vasco ha venido atravesando sus dificultades, porque es muy difícil hablar de la opresión de un pueblo plagado de estrellas michelín. Pero ante la ausencia de un relato político y de nación, ante la desaparición de un proyecto de futuro para España, que nadie esboza, el cuatripartito del encontronazo de estos meses cíclicos se pasa en bloque del relato ideológico al agropecuario. Tal vez esta política de alcachofas contra acelgas sea la consecuencia de que la derecha se haya dejado hacer por la izquierda el falso relato de la España hambrienta.

La vieja nueva derecha se emociona en la horizontalidad de un campo de alcachofas tudelano y foral mientras que la nueva vieja izquierda reduce su utopía a que las verduras crezcan verticalmente, lo cual no deja de ser un desacato a las leyes aunque sea a las leyes de la física, y aunque luego no especifique si el proyecto vertical nos va a traer lechugas o acelgas, que no parece que sean lo mismo.

Por segunda vez en la historia de los últimos dos siglos, España se anticipa a un acontecimiento europeo, porque la gran crisis de Europa no deja de ser la vuelta a lo rural y el agarrarse a toda alcachofa, acto reflejo cuando surge el miedo. Sin ir más lejos, el Brexit, o sea, la posibilidad de que el Reino Unido de la Gran Bretaña deje Europa antes de haber tomado conciencia de haber estado en las moquetas de la burocracia europea, no deja de ser una llamada rural, un relato sentimental para que los ingleses, que prefirieron morir en nuestras playas antes que conducir o comer como Dios manda, se sientan reforzados en su pretendida superioridad condescendiente. Los grandes éxitos del Imperio Británico han venido siempre por su acertado recelo para con la Humanidad, a la que sin embargo saben perdonar no ser británica en su inmensa mayoría. Si David Camerón pierde su referéndum será difícil que le dejen convocar otro en la nueva Brexitannia, que no será ese mundo ideal de autarquía y rostbeaf.

El otro día hubo un debate a hora española y ninguno de los cuatro abanderados del cuatripartidismo nos habló de qué puede ser de nosotros más allá del plazo de dos meses. En realidad tampoco nos supieron decir qué harán este verano. Sin saber de qué lado caerá el futuro y eliminada toda certeza solo cabe esgrimir el relato corto de lo cercano y discutir sobre lo vertical, lo horizontal o las leyes de la física. El éxito del populismo en Europa es precisamente tener un discurso para hoy cuando los demás lo esbozan a duras penas como balbuceo para pasado mañana. La generación nesspreso, la que necesita cinco millones de megas en un cable para buscar más rápido en la Wikipedia, atiende así el discurso agropecuario y sentimental de salvarnos hoy y mañana… ya veremos. Aunque hasta ahora la lógica y la Historia indiquen que no ha habido grandes cosechas de acelgas en campos verticales. Aunque ni siquiera sepamos aún si son acelgas o lechugas.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

Víctor M. Serrano Entío
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