EL HÍGADO DE LAS OCAS
            España es ese sorprendente país en el que la demoscopia define al votante medio con un perfil ideológico socialdemócrata y luego esos mismos van y veneran como institución más querida a la Guardia Civil. Habrá pocas cosas más de derechas que una señal de tráfico. El caso es que el fin de semana nos trae encuestas como los bancos en vísperas de navidad nos traían calendarios y cuberterías en las décadas prehistóricas en las que a los bancos les importaba el tiempo y que las familias tuvieran comida por trinchar. Dicho lo cual, y a partir de ahí, miramos la demoscopia, las encuestas y su exégesis como los antiguos las entrañas de las aves sagradas tratando de descifrar el futuro. Como hace tiempo que la civilización destruyó el hígado de las ocas en aras a una inteligencia gastronómica superior ahora tenemos institutos de opinión y empresas demoscópicas, de anclaje científico similar a la casquería pero con más aparato y certificado de calidad 9000. Medir la intención de voto a dos años y medio de unas elecciones y prohibir las encuestas la última semana de una campaña electoral, cuando se decide todo, es también una cosa muy española.
            El beisbol, la carne de caballo y confesar lo que vamos a votar son cosas que a los españoles no nos gustan. Con las últimas encuestas del pasado fin de semana algunos quieren dar por muerto el bipartidismo y anunciar la llegada del multiculturalismo político. Como si en el país alguna vez hubiese habido un verdadero bipartidismo y como si los grupos minoritarios no tuvieran ninguna influencia, cosa que no por machacada, repetida y unánimemente aceptada deja de ser falsa.
            En España llamamos bipartidismo a que el PP y el PSOE alternen en el Gobierno y a que entre los dos sumen más votos que el resto, lo cual es como confundir la liga de fútbol con un partido de tenis porque siempre la ganan el Madrid o el Barcelona. En la democracia española, gobernando cualquiera de los dos partidos mayoritarios, con y sin mayoría absoluta, ambos partidos alcanzan acuerdos con grupos minoritarios política y territorialmente, y generalmente de espaldas a su adversario mayoritario. Por poner ejemplos, el PNV o CIU han tenido mucha mayor influencia en la configuración del estado autonómico, su desarrollo y límite competencial (o falta del mismo) que el PP o el PSOE, pese a que son grupos minoritarios y no obtienen ninguna representación fuera de sus territorios. Montoro quiere que toda la financiación autonómica del estado pase por contentar a Cataluña, por ejemplo. En los países de extensa tradición bipartidista, sobretodo en Estados Unidos, España es ejemplo de confrontación por infrautilización de resortes bipartidistas. El desarraigo del bipartidismo español es solo directamente proporcional a su mala prensa. Generalizada la idea de que el bipartidismo ahogaría cualquier pacto, lo cierto es que el bipartidismo se fundamenta en un pacto verdadero, el que las mayorías sociopolíticas de un país, prescindiendo de sus ideologías, y en aras del bien común, alcanzan para alcanzar un objetivo común. En España no ha habido bipartidismo ni se ve que pueda venir porque entre otras cuestiones faltan liderazgos y decisión y sobran prejuicios ideológicos.
            El estos días cacareado mito del bipartidismo en decadencia, como si no lo hubiese estado siempre en España, se quiere ligar a que la gente está harta y no quiere votar así como con la interpretación que un sector de la izquierda hace de determinados movimientos sociales que canalizados a través de mareas, internet, etc… expresan su indignación con el stablishment. Pero lo cierto es que la influencia de estos grupos, magnificada en gran parte por las redes sociales y la prensa, es mínima. El rechazo a la política y los políticos no se resuelve con ninguna canalización que pueda tener reflejo en el propio sistema electoral y en las elecciones mismas, y la inmensa mayoría de esas minorías votarían en bloque al PSOE si concurriese a las elecciones con posibilidades de disputarle el gobierno al centro derecha. Es cierto que la desdibujada diferencia entre partidos, el desarme de la izquierda que viene de gobernar y el desgaste de la derecha gobernante ha generado un descontento ciudadano con los dos grandes partidos que merecería que Génova y Ferraz se tomasen en serio. Además, las elecciones al parlamento europeo, que son esas que celebramos cada cuatro años para que no parezca que solo mandan los alemanes, son campo abonado para el desconecto ciudadano y el voto irreflexivo, como cuando en el año 89 un sector de la derecha descontenta con Fraga le dio a Ruiz Mateos dos eurodiputados o como cuando en el 2009 Zapatero recibió su primera patada en el culo de López Aguilar. Pero hasta el rabo todo es toro, el Gobierno ha sumergido el listón de las previsiones económicas en 2014 en el lago del Averno para potenciar al máximo réditos electorales si llega un reflote de la economía,  el PSOE podría subir de golpe diez puntos en las encuestas si acierta con su candidato, y está por ver que de aquí a que haya elecciones generales los dos partidos nacionales mayoritarios que agrupan a las dos ideologías preponderantes y otorgan estabilidad al sistema, estén en crisis.  Ni siquiera ha terminado el primer tiempo.
           
Víctor M. Serrano Entío
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Abogado y Blogger desde enero de 2012.