EL PROCESO
            Si Kafka hubiera escrito “El proceso” en la España de hoy, el protagonista de su relato, Josef K., además de ser arrestado una mañana por una razón que desconocía hubiese visto el sumario de su caso filtrado en prensa y debatido en televisión. «Alguien debió de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido.”. Y conducido al plató de “condéname de luxe” para que la concurrencia se forme una sólida opinión fundada en Derecho con alguna ex cuñada de tonadillera.
            Vemos cada día casos llamativos de vapuleo en la plaza pública a personas por su relevancia social, y cuyos problemas con la justicia se airean con continuas filtraciones tan confusas como disparatadas. El caso de la Infanta Cristina es sangrante, aunque no es el único: publicación en prensa de informes que se contradicen, con datos falsos y cuya investigación por parte del juez era tan sencilla, y el error tan evitable, como que pudo mandar un oficio al Registro de la Propiedad para cotejar la información de la titularidad de las fincas. Lo peor no es el error de la Agencia Tributaria, que también, sino que de este procedimiento judicial sabemos hasta cómo se grapan los folios conforme van llegando. Si no se hubiera filtrado el informe erróneo conforme llegaba no se hubiera machacado la reputación de la investigada. Si el juez Castro en lugar de en las paredes de un juzgado instruyera la causa en una diáfana urna de cristal acondicionada con cámaras por la productora de Gran Hermano, sus pasos y actuaciones no serían más cristalinas. Y como él, otros. El caso de Miguel Blesa, por ejemplo, a quien, con independencia de la mayor o menor simpatía que se tenga por el personaje, un juez ha enviado a prisión con el rigor de la información de la Wikipedia en un platillo de la balanza.
            El sistema judicial español, y más aún la instrucción y el enjuiciamiento penal, tienen un problema: en muchos n﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ en  muchos casos, de elemental sentido com a juzgar, o bien subjetivamnete, por la participaciellos casos que bien ob casos de relevancia objetiva, por la gravedad o importancia del asunto a enjuiciar, o subjetiva, por la participación en los hechos de personas de relevancia pública, los investigados o enjuiciados se ven sustraídos del derecho a la presunción de inocencia. Son juzgados en paralelo por una turba televidente tan ayuna de formación jurídica como de prudencia que se alimenta de filtraciones, desmentidos e inconsistencias. Y a veces, es aún más grave porque la información sale del juzgado. Las filtraciones de un juzgado no siempre salen del juez, y son una excepción, pero enturbian el trabajo riguroso de la mayoría. Además no puede negarse que el afán de protagonismo de algunos jueces va en aumento. Tras el gran “big bang” garzonita los “jueces estrella” empiezan a ser una constelación, y el fenómeno ha dejado de ser exclusivo de las altas cúpulas judiciales para expandirse hacia abajo y en horizontal. No voy a ser gremialista y también hay abogados que filtran interesadamente a la prensa pero la responsabilidad última de lo que pasa en un Juzgado y en un proceso es del juez.
            En ningún país los jueces hablan ante las cámaras o dan conferencias sobre los casos que instruyen o juzgan. Ni sus mujeres escriben libros contando interioridades del proceso como si fueran Sara Carbonero hablando del vestuario del Real Madrid. Los jueces estrella son pocos y los conocemos a todos porque les gusta posar como si no posaran, ajustarse los gemelos de la camisa, subir las escaleras del juzgado a saltitos y acelerar el paso con andares repletos de importancia que anuncian que el juez entra a su juzgado. Algunos quieren alcanzar la fama siendo “sensibles” con parte de una indignación ciudadana que quiere causas generales contra banqueros, políticos y lo que se ponga por delante. La presunción de inocencia está protegida y garantizada, pero debe regularse su ámbito extraprocesal, es decir, la relación que han de tener jueces, fiscales y abogados con los medios. El desmadre existente con los juicios “mediáticos” afectan a la efectividad de la intervención de la Justicia porque la vulgarizan, y esa vulgarización afecta a la baja confianza y escaso respeto que los ciudadanos tienen por la casi sagrada labor de impartir justicia. Afecta a la sociedad democrática de la información, a los poderes públicos y al concepto de ética pública. Un sacerdote le dice a Josef K. durante su visita a la catedral: “La sentencia no se dicta de repente: el proceso se convierte poco a poco en sentencia.”.
            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
Víctor M. Serrano Entío
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