Números, Rosarios

El primer gran pacto de Estado que necesita España es el pacto de las matemáticas. En Aragón llevamos una racha que cada vez que nace un número muere una ilusión. Los políticos deben trabajar arduamente para tratar de alcanzar cierto grado de consenso acerca de si dos más dos son cuatro. Cuando de la ruina nace la urgencia y de la premura surge la necesidad, la política se confunde con las matemáticas en el más metafísico sentido del verbo confundir. Una vez que la matemática es política surge la inevitable lucha partidista e institucional sobre la aritmética. Montoro le afea el déficit a Rudi y la presidenta afea al Ministerio de Hacienda sus criterios matemáticos. La autonómica Cámara de Cuentas y rosarios le afea trescientos cincuenta y cinco millones de euros a Belloch y el vicealcalde Gimeno le afea a la Cámara sus verdaderas intenciones. “Una joven institución que no ha empezado bien”, dice el vicealcalde como si desde que el futbolista Raúl debutó en La Romareda algún joven más hubiera tenido la oportunidad de empezar algo bien en España. Entre tanto, los ciudadanos no tenemos manera humana de saber qué cifras son las buenas porque ni siquiera tenemos claro el enunciado del problema. Con los números ha pasado lo mismo que con las normas. Pensábamos que de toda norma nacía la Justicia, con mayúsculas, y ahora tenemos un país con dieciocho legisladores que hacen de la profesión de abogado en España la más difícil del mundo después de la de contable en Zaragoza.

Aragón es un problema matemático en la pizarra de un colegio. Conforme se van subiendo a la tarima, la administración que coge la tiza borra y cambia el resultado de la anterior. Lo mismo con el déficit que con las cifras de empleo, con manzanas o gatos, con churras o merinas, cada vez que alguien da un dato surge una hoguera. Nos hemos acostumbrado a la monstruosidad de que la dialéctica de la política es el enfrentamiento. Hasta el punto de que si uno quiere pasar por loco para eludir formar parte de un jurado o ser Presidente de mesa en las elecciones europeas le basta con proponer un pacto de Gobierno PP-PSOE. Padecemos algún tipo de patología extraña cuando no somos capaces de compartir una verdad objetiva ni a través del método científico.
El inmenso sudoku en el que nos sumergimos los ciudadanos, con cada cuadrícula de nueve por nueve en entredicho, solo genera desconfianza. Cuando las Administraciones y, lo que es aún más grave, sus mecanismos de medición y control, entran en una guerra de cifras, lo que se resiente es la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Esa desconfianza no es solo dañina en el ámbito de la economía sino que causa un grave daño en la confianza del país. Mientras los aragoneses no tengan unos referentes objetivos, claros y precisos sustentados en datos fiables e indiscutibles de hacia donde vamos y hacia donde va el conjunto de España, es imposible que recuperemos una confianza ciega en nuestras posibilidades. Una confianza que en su momento, cuando llegue que llegará, se transformará en optimismo por el futuro. En la base de esa generación de confianza está que las cifras, mejores o peores, estén bien hechas y sobretodo tengan un rigor indiscutible, tan indiscutible que cuestionarlas resulte tan patético como cuestionar el resultado de dos por dos.

Las Administraciones en Aragón necesitan una chimenea frente a la que sentarse un invierno como aquel invierno en el que Descartes empezó a discurrir frente a las brasas El Discurso del método. “Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias” era el título completo de la cosa. En Aragón los números y los interrogantes nacen de una madre en el mismo parto como si fueran hermanos mellizos. Han tenido que ser los emprendedores los que, nombrando a Ricardo Mur Presidente de la Confederación de Empresarios de Zaragoza, lancen un mensaje de renovación y frescura, rigor en el esfuerzo e inteligencia como para querer gritar que los viejos esquemas ya no sirven. Debería haber un método científico que avalara que los cuarenta es una edad perfecta para llegar a cualquier sitio. Pero el contorno del cadáver de Descartes está dibujado a tiza en la acera de los impares de una calle cualquiera.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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