El indulto

El indulto es la salida de emergencia que la sociedad deja abierta para transitar de la justicia normativa a la dignidad cuando excepcionalmente justicia, indulgencia y bien social no convergen con la aplicación estricta de la Ley. Mari Carmen tiene los huesos frágiles y una estructura corporal al borde del derrumbe. Su mirada tímida y casi estática, está perdida detrás del cristal de unas gafas tan redondas como su tristeza. La amargura se ha apoderado de su alma desde que violaron a su hija Verónica cuando tenía trece años. El peor crimen contra una adolescente. La mayor barbarie que puede cometer un hombre. Salvajes que destrozan a mujeres y niñas y a sus familias. Al violador de Verónica lo juzgaron. En un permiso penitenciario -la Ley penitenciaria es más benigna con los violadores de niñas que con los traficantes de saldo y esquina- regresó a Benejúzar y se encontró a Mari Carmen, a la que con una media sonrisa le preguntó por su hija. Mari Carmen, fuera de sí, le prendió fuego. En 2009 un tribunal condenó a Mari Carmen a 9 años de prisión. El Tribunal Supremo casó la sentencia y redujo en cuatro años una condena de la que ya ha cumplido un año. Hoy Mari Carmen está en la cárcel de Foncalent. Siempre le acompañan dos presas, probablemente madres. Hay un clamor popular nacido de un íntimo sentido de la piedad, la comprensión y la justicia casi divina que pide el indulto para esta mujer rota.

El indulto es una medida de gracia, de carácter excepcional, consistente en la remisión total o parcial de las penas de los condenados por sentencia firme. Formalmente lo otorga el Rey pero siempre a propuesta del Ministro de Justicia, previa deliberación del Consejo de Ministros. El indulto de Mari Carmen no causaría perjuicio a nadie. Es más, la sociedad, que no percibe ningún peligro en Mari Carmen, quedaría aliviada al saberse indulgente cuando ha de serlo. Han sido indultados banqueros, conductores suicidas, dos oficiales del caso Yak-42, políticos y también ciudadanos anónimos con delitos igualmente anónimos.

Alberto Ruiz Gallardón tiene hijos. Él habrá cogido a sus hijos en brazos por primera vez. Habrá tenido esa sensación de tener que hacer un cursillo acelerado sobre la vida por si el pequeño nos pregunta sobre la existencia del sol y la luna antes de saber hablar, con el primer biberón. Cuando se ama a alguien más que a uno mismo sólo buscas ser mejor. Ser padre, ser madre, es exponerse al dolor cotidiano, al sufrimiento por cosas inverosímiles. Te preocupas cuando tu hijo se queda solo en un recreo. Se sufre con la enfermedad más mocosa y menos grave. Los padres no estamos diseñados para ver sufrir a nuestros hijos. No tenemos un mecanismo mental que nos permita asimilar su sufrimiento. Basta darse una vuelta por el Museo del Prado para darse cuenta de que la mirada de una madre es siempre un cuadro de Boticcelli, una mezcla de amor, ternura y preocupación.

Indultar a Mari Carmen va más allá de cualquier consideración jurídica. Sería un acto de humanidad y de respeto por el sufrimiento humano. Sería un alivio para la víctima, que es Verónica. Mari Carmen ha sido juzgada y condenada. Nadie puede tomarse la justicia por su mano. Pero hay casos, como el de Mari Carmen, que hacen de la figura del indulto una necesidad social. No hay reinserción posible para Mari Carmen porque ella no es una asesina, simplemente tuvo la mala suerte de cruzarse con el criminal que le causó un dolor que no pudo encauzar. Si Mari Carmen viviera cien vidas en ninguna hubiese matado a nadie. Excepto al violador de su hija. Toda Mari Carmen debería tener su Fuenteovejuna. Toda Fuenteovejuna necesita indultarse.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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