Nada en el Domingo

Todos los domingos de nuestra vida son un único domingo, el día en el que el vacío impregna las calles y viste nuestras obligaciones con la túnica transparente de la nada. Nuestras costumbres de domingo se repiten con la ortodoxia y la puntualidad que solo lo previsible es capaz de otorgar a nuestra vida. El único hecho diferencial de un domingo son las cuatro estaciones y la liga de fútbol profesional. Este domingo viene con elecciones europeas y resaca de Champions, que es como no venir con nada porque los goles se cantarán el sábado y los votos del domingo importan a menos de la mitad de la gente.

Hoy viernes termina la campaña electoral más artrítica, insípida, vacía y plana. Las elecciones europeas no interesaban a casi nadie y tras los debates, los mítines y los besos de los candidatos los votantes estamos más convencidos que nunca de que la nadería y la falta de ideas impregnan el sistema de partidos vigente. El desprestigio de la política entre los ciudadanos crece exponencial, como el desinterés. Creíamos que el problema era la corrupción y ahora resulta que el problema es que no hay ideas ni ganas. El problema de la política es la ausencia total de política. Un verdadero problema.

Conscientes de que nuestra obligación ciudadana pasa por ir a votar, hagamos un manual para nadar en las aguas del domingo. No conviene acudir a las urnas como San Lamberto, o sea,  deambulantes y con la cabeza bajo el brazo, autovía de Huesca para arriba y para abajo. A estas elecciones europeas concurre el PP con un candidato llamado Cañete que ha demostrado sobradamente que uno puede hablar cuatro idiomas y explicarse muy mal en su lengua materna. Por el PSOE concurre la Sra. Valenciano, cuyo único argumento firme de campaña ha sido que su oponente, el políglota, es un machista. Ambos acudieron a una especie de debate en el que mientras uno leía fichas la otra hablaba sobre Aznar, tema muy europeo y de actualidad. A tenor de cómo se desenvolvieron en el debate, se intuye que la moqueta -ya sea azul Estrasburgo o rojo Ferraz- desprende algún tipo de ácaro perjudicial para la exposición y confrontación de ideas. Incluso al más alto nivel, la clase dirigente de hoy parece tener la misma clarividencia y orden expositivo que Falete con el manual de instrucciones del acelerador de partículas.

Frente a los macro partidos – y a lo que inopinadamente en España, y por ser dos, llamamos bipartidismo aunque el bipartidismo es y debe ser otra cosa- se presentan por izquierda y por derecha partidos emergentes. Emergente es UPyD, una marca al alza bajo el signo de la regeneración, y trata de emerger Vox, una marca bajo el signo de la regeneración de las esencias de la derecha de toda la vida. UPyD es Rosa Díez, que quiere regenerar la vida política tras treinta años en política viviendo de la actividad política, y Vox es Vidal Quadras que reivindica, frente a la “traición” socialdemócrata de Rajoy, las esencias del PP de Aznar. Aznar es ese señor que echó a Vidal Quadras del PP de Cataluña porque se lo pidió Jordi Pujol. Izquierda Unida se presenta a estas elecciones como un híbrido, y ha conseguido llegar al final de la campaña con predicamento entre sus votantes comunistas y con cierto aire de regeneración y modernidad. El comunismo es a la regeneración y a la modernidad lo que el molinillo de café a las nuevas tecnologías, y de ahí la habilidad de una formación que tendrá mejores resultados de los que le cacarean los encuestadores. La mayoría de las formaciones nacionalistas concurren juntas por bloques, y quieren de Estrasburgo lo mismo que de Madrid, la independencia. La ventaja del nacionalismo es que con una bandera y tres agravios tiene el trabajo hecho, y el artificio lo mismo le da para hacer apostolado por Europa que por la comunidad de propietarios. Así, todos juntos, los bloques nacionalistas evidencian a su pesar que son lo más español de la campaña.

Todos lo van a tener difícil para vencer a la abstención, porque es imposible hacer un sobre y una papeleta electoral con las cenizas de nuestra confianza. Los gurús de la sociología dicen que en España votamos a la contra. Por eso, y tras esta nefasta campaña de la nada, es muy posible que muchos más ciudadanos de los que prevén las encuestas castiguen lo que no les gusta, que hoy por hoy es más el sistema de partidos que una posición ideológica concreta. Ojo al revolcón que pueden llevarse los dos grandes y que sólo la victoria del uno sobre el otro maquillará, si es que el domingo queda maquillaje para el desaguisado. Menos mal que nos queda Portugal (Lisboa).

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Víctor M. Serrano Entío
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